La pregunta es la del millón y el asunto merece unas cuantas reflexiones. La primera tiene relación con los antecedentes. El mejor resultado de Alaphilippe en una carrera de tres semanas es el puesto 33º del pasado Tour. Es verdad que nunca hasta ahora había disputado la clasificación general porque su objetivo eran las victorias parciales y las clásicas, de las que hace colección. Sin embargo, su triunfo en la contrarreloj del Tour, etapa 13ª, nos sitúa ante un nuevo escenario y quizá ante un nuevo corredor. Alaphilippe tiene 1:26 de ventaja sobre Geraint Thomas y la posibilidad de que nos encontremos ante un nuevo campeón francés (el último fue Hinault en 1985) no debe ser despreciada.

Por edad (27), Alaphilippe todavía está a tiempo de reinventarse. Indurain ganó su primer Tour a los mismos años, y tanto Perico como Ocaña, por citar a los nuestros y a vuela pluma, se estrenaron a los 28. La diferencia con el francés es que todos ellos habían dado antes señales de poder con la carrera, especialmente en la montaña. Alaphilippe no. Decimos que sus virtudes son muy similares a las de Valverde y sus limitaciones también. El murciano ha dado muestras a la lo largo de su carrera de ser un mejor escalador, aunque la alta montaña, al menos en días consecutivos, siempre se le ha atragantado. Lo mismo debería ocurrir con su gemelo francés.

De momento, hemos visto que Alaphilippe pasó con nota la primera prueba en la Planche des belles filles, pero aquello fue en la sexta etapa, muy pronto. En el primer contacto en los Pirineos no hubo batalla y será mañana en el Tourmalet cuando demuestre si está en condiciones de pelear por la victoria. Lo normal sería que se desplomara progresivamente. Este año ganó la Milán-San Remo y la Strade Bianche en el mes marzo y la Flecha Valona en abril. En el ciclismo moderno no hay corredores que mantengan durante tanto tiempo el nivel competitivo. El último ganador de la Milán-San Remo que venció también en el Tour fue Eddy Merckx, y eso son palabras mayores. Dicho esto, que Alaphilippe haya propiciado estas suposiciones es digno de aplauso y hasta de reverencia.

Del líder del Tour pasamos ahora a su compañero Enric Mas, cuarto clasificado a 2:44. Su contrarreloj fue excelente e inesperada: sólo cedió 58 segundos y ya no puede pasar ni un minuto más como el tapado de la carrera. Es verdad que nos ciega la inestabilidad hispánica de Landa, pero ya es momento de centrarse en el mejor español de la carrera, un debutante además, que se verá afectado, de un modo u otro, por la gloriosa explosión de su jefe. Mi sensación es que Alaphilippe ha dejado de ser un escudo para él para convertirse en una obligación. Si el líder cede, sospecho que su equipo le pedirá que le ayude, y eso restará libertad y opciones al mallorquín. En cualquier caso, será apasionante subirse a su bici y ver qué pasa.

Para el resto de escaladores la crono deparó sensaciones agridulces: Kruijswijk (+45) y Pinot (+49) salen reforzados por su buen rendimiento. De Bernal (1:36) se esperaba algo más, como de Nairo (1:51). Landa cumplió (1:45) aunque su retraso le obliga a una hazaña cuasi épica: afrontará lo que queda de Tour a seis minutos del liderato. Quiero suponer que en el Movistar lamentan a estas horas no haber atacado en la etapa del jueves, la primera pirenaica. Espero que alguien entone el mea culpa y tenga un plan preparado para reventar la carrera aun a riesgo de que reventemos todos por el camino. Porque la otra opción es luchar por la clasificación por equipos.

Mañana debería ser el día de la furia. Sólo Alaphilippe y su equipo están legitimados para no atacar. El resto lo necesitan, empezando por Ineos. Es la etapa adecuada. Los locos lo intentarán en el Soulor y los cuerdos en el Tourmalet. En ese primer puerto deberíamos convocarnos todos para pedir autógrafos.

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