Así se presentó Jürgen Klopp en Anfield: “Necesitamos convertir a los incrédulos en creyentes”. El alemán ya había dejado muestras más que suficientes de qué tipo de entrenador era tras su paso por el Borussia Dortmund. Klopp es un valiente, un profesional de los que no se pone barreras. Él pone condiciones y, si se dan, no le importa la grandeza de la hazaña ante la que se enfrenta.

El técnico alemán ya había creado una máquina de correr y jugar al fútbol en el Dortmund. Allí construyó un equipo muy atractivo, en el que empezó a escribir su método. De entrada potenció sus mejores individualidades, un rasgo que identifica a Klopp. El técnico alemán es un gran potenciador de jugadores: Sahin, Hummels, Goetze, Kawaga… Ninguno ha jugado tan bien como lo hizo a sus órdenes.

El Dortmund era un equipo que apetecía ver, muy atractivo y de un dinamismo impresionante, que jugaba a todo trapo. Daba la sensación de que había sobre el campo doce o trece jugadores; esa línea de mediapuntas moviéndose por detrás del 9 era una gozada y esos medios que ocupaban tanto terreno y que se sentían tan cómodos instalados en campo contrario, cuanto más cerca del área rival mejor. Aquello era pura diversión, incluidos los laterales a mucha altura. En ese Borussia estaban las bases de este Liverpool. Fue allí donde Klopp perfeccionó su estilo.

Hace cuatro años el técnico alemán fichó por el Liverpool, un club en decadencia deportiva, alejado en la Premier de la posibilidad de ganar títulos. Su espacio lo ocupaban en ese momento Arsenal, Chelsea, United y City. Y si en Inglaterra era un actor secundario, en Europa empezaba a tener cara de viejo aristócrata, como Milán o Inter, equipos con mucho pasado pero cero presente. El trabajo no era sencillo, devolver al Liverpool a la pelea por los puestos del cajón no iba a ser fácil y menos aun, hacerlo con su idea, algo que ya le pasó en Alemania con su BVB, donde tuvo que pelear no solo contra un Bayern hegemónico, sino ante una idea, el fútbol combinativo y de posesión que dominaba en Europa y era tendencia, pero había algo peor, Pep la había llevado a Munich.

Su llegada a las islas fue muy bien acogida, él además sabe manejar los medios y sabe qué fútbol gusta, frases como “los espectadores quieren emociones, pero si tú les ofreces una partida de ajedrez, alguna de las dos partes tendrá que buscarse un estadio nuevo” o “Me encanta el fútbol de lucha: días lluviosos, campos pesados y ver a los futbolistas con la cara sucia sin ganas de jugar por las próximas cuatro semanas”. Klopp supo dar el discurso apropiado. Su primer año no fue del todo bueno, había que cambiar muchas cosas, entre ellas, la mentalidad de sus jugadores, un octavo puesto en la Premier y dos finales perdidas en la Copa de la Liga y en la Europa League dejaron dudas, pero no a Klopp, él sabía que iba por el buen camino y la gente de Liverpool tampoco le asfixiaba pidiendo éxitos inmediatos.

Al año ya se encontró con un nuevo obstáculo, de nuevo la llegada de Pep y su sistema, otra vez a luchar contracorriente, solo que la Premier no es la Bundesliga, allí Pep y él no iban a tener los mismos problemas, allí él jugaba con ventaja.

A partir de ahí todo ha sido crecer, poco a poco, pero siempre creciendo. Su fútbol atractivo y de ritmo ha conquistado a la grada, su idea es evidente: ritmo muy alto, agresividad en los movimientos de sus jugadores, acciones de vértigo pero con mucha calidad, un pressing coral, mucha energía en el tanque, exigencia física y mental. De nuevo, una frase le define: «Si hubiera visto al Barça con cuatro años, me habría dedicado al tenis». Cuatro años después y con una Champions en las vitrinas, la máquina de Anfield parece más engrasada que nunca, el Liverpool genera en ataque un caudal de fútbol constante con Salah, Firmino y Mané, un tridente a la altura del mejor del mundo. Van Dijk puede ser el mejor central del momento y posible balón de oro, Robertson y Arnold son laterales élite sin duda, su gegenpressing se imita en todo el planeta fútbol, Klopp está de moda y no parece que sea pasajera, su Liverpool está para mirarle a la cara a quien sea…Klopp lo ha vuelto a hacer, ha vuelto a crear una maquina de jugar al fútbol, pero esta vez una máquina engrasada.

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