Alemania y China abrieron en Rennes el grupo B en un choque típico de apertura de un gran campeonato: presión y nervios de las favoritas y un rival correoso que hace peligrar el empezar con buen pie la competición, ese anhelo que siempre tienen todos, en este caso todas. Las jugadoras entrenadas por Voss-Teckelenburg no tuvieron un inicio plácido de Mundial pero cumplieron con lo esperado y lo que necesitaban, que con el paso de los días será lo único que quede.

El partido tuvo un desarrollo capicúa: empezaron y acabaron mejor las europeas, mientras que la franja central fue de equilibrio o de mayor sensación de peligro asiático. Las ocho veces campeonas del Viejo Continente arrancaron con firmeza y mostrando sus credenciales: en el minuto 1 ya se encontraron la gran estrella Marozsan y la Pichichi Popp para crear la primera de peligro. Sin tregua, Dabritz probó desde la frontal un tiro que rozó el palo izquierdo de la portería de Shimeng. La posesión y el peso continuó siendo germánico, a quien sin embargo le faltó claridad y contundencia en ambas áreas. Ofensivamente Simon y sobre todo Huth llevaban el peligro en sus botas desde el costado izquierdo, aunque sin la contundencia de los primeros minutos. De hecho, después de esos dos acercamientos peligrosos del comienzo, el peligro real lo generaron las mujeres de Jia Xiuquan, aprovechando los agujeros en el centro de la defensa rival y sus pérdidas en la salida de balón.

Yang Li tuvo dos muy claras: en el 13’, donde no disparar de primeras le quitó las opciones de gol y en el 43’, cuando la frenó el palo. Eran los mejores minutos de las subcampeonas de Asia, que a base de orden, intensidad (los tobillos y las rodillas de las alemanas pueden dar fe) y salidas rápidas estuvieron cerca de dibujar la primera sorpresa del Mundial. El larguero de Huth tras un centro chut fue un espejismo y el encuentro se fue a vestuarios con la sensación de que Alemania necesitaba mejorar y de que China se encontraba cómoda.


Cambios con acierto


Movió el banquillo la seleccionadora alemana con dos sustituciones que a la postre resultaron fundamentales: quitó a la lateral izquierdo Simon, quien estaba cuajando un gran encuentro, para meter a Oberdorf y retrasar a Gwinn; y también puso en el campo a Magull, revulsivo que agitó el ataque de las suyas, frenado hasta ese momento por la guerra de guerrillas practicada entre tabiques por las chinas.

La diferencia de altura, genéticamente estereotípica, se materializó en la jugada más esperable pero no de la forma más evidente. Alemania llevaba ganando casi todos los duelos aéreos hasta el minuto 65’. Fue entonces cuando Marozsan –apagada hoy y muy centrada en coberturas defensivas- puso otro córner más. Dos despejes malos dejaron la pelota en la media luna del área, en la que se encontraba Gwinn. Su zurdazo pasó entre varias piernas chinas y tiró el muro que a este ese momento se mantenía en pie sin grandes dificultades. Después del 1-0, Alemania se sacudió la presión y, ayudada por el despliegue de sus rivales, jugó sus mejores minutos de fútbol, en los que rozó el 2-0 gracias a la omnipresente Magull y las llegadas de segunda línea de Dabritz. No llegó ese segundo tanto y China apretó ligeramente al final, cuando tiró tres saques de esquina que no crearon excesivo peligro. Apuntamos como oportunidad más peligrosa un disparo arriba de Zang en el 82’.

Si bien el resultado marca una situación, la que se esperaba, también manda un mensaje a España. China será un hueso muy duro de roer y quizás Alemania es un poco menos fiera de cómo la pintan. Sea como fuere, ganar a Sudáfrica se torna fundamental para tener opciones de pasar a la siguiente ronda. De vencer, las de Vilda deberán no perder de vista los centímetros alemanas –y sus disparos desde la frontal- y la paciencia y juego rápido que deberán desplegar frente a las asiáticas. Al debut nos remitimos.

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