Ahmad Ahmad, presidente de la Confederación Africana de Fútbol (CAF), ha sido arrestado a primera hora de este lunes en el hotel de París en el que se hospedaba para asistir al Congreso de la FIFA.

El que fuera presidente de la Federación de Fútbol de Madagascar fue detenido en torno a las 8:30 horas en el Hotel Berri. La detención la han llevado a cabo agentes de la gendarmería francesa y lo han custodiado hasta la Oficina Central de La Lucha contra la Corrupción y Delitos Financieros y Fiscales (OCLCIFF). Se espera que allí sea interrogado, según adelantó Jeune Afriqué.

Se cree que los motivos de su detención pueden estar relacionados con la ruptura unilateral por parte de la CAF de su contrato con la firma alemana Puma para empezar a trabajar con la firma francesa Technical Steel.

La información de la detención del dirigente africano no ha cogido a nadie por sorpresa. Hace menos de dos semanas, coincidiendo con el ecuador de su mandato, Ahmad Ahmad ya había sido denunciado por su propio secretario general, el egipcio Amur Fahmy. De hecho, el Comité de Ética de la FIFA ya tenía abierta una investigación para esclarecer una serie de irregularidades financieras relacionadas con el malgache.

Fahmy fue el primero en informar de que podía haber indicios de delito entre la relación de Ahmad Ahmad y Technical Steel. Tras su denuncia fue fulminado de su cargo y fue sustituido por el marroquí Mouad Hajji. Entre los cargos que el egipcio envió a la FIFA figuraba aumentar en 830.000 dólares el coste de una serie de equipamientos deportivos adquiridos por la CAF para pagar a la empresa de intermediación francesa. Además, el ya exsecretario general de la CAF también acusó a su presidente del pago de sobornos por valor de 20.000 dólares a varios presidentes de federaciones africanas y de gastar más de 400.000 dólares del organismo que preside en adquirir vehículos en Egipto y Madagascar, su país y donde ha montado una oficina satélite.

Los escándalos en los que se ha visto implicado el dirigente africano no acaban aquí. Ahmad también deberá enfrentarse a las acusaciones de acoso sexual a cuatro empleadas de la CAF, cuyos nombres no han sido desvelados. Asimismo, deberá comparecer en Zúrich para explicar la decisión de despedir al citado Fahmy sin contar con respaldo del Comité Ejecutivo. El cese del secretario general da a entender que algo no esta funcionando bien en la CAF. El malestar es generalizado en la confederación más grande del mundo del fútbol, con 56 países afiliados.

Ahmad Ahmad, que en su juventud había sido futbolista y entrenador, se convirtió en parte de los organismos del fútbol cuando llegó para presidir la Federación Malgache de Fútbol en 2003. Después, en 2017, accedió al cargo de la presidencia de la CAF ganado en la votación a su predecesor, Issa Hayatou, por 34 votos a 20, convirtiéndose en el séptimo presidente de la Confederación Africana. Ahmad llegó con las promesas de solventar todos los errores que se le achacaban a la gestión del presidente anterior, pero en sus dos años de mandato todavía no lo ha hecho.

Una de las promesas incumplidas fue la revisión de los contratos de derechos televisivos y de patrocinio firmado por su predecesor con Lardère Sports hasta el año 2036. Dichos contratos se concedieron de manera arbitraria a la empresa francesa y fueron el detonante de la caída de Hayatou, el legendario dirigente camerunés a quien un tribunal de El Cairo llegó a imponer una multa de 57 millones de dólares, además de solicitar la invalidación inmediata de los contratos firmados con el grupo de comunicación francés.

Lejos de revisar los contratos, Ahmad, de los que poco antes de su elección afirmaba que “revisaré esos contratos y, llegado el caso, los anularé”, ha actuado en la dirección contraria. El de Madagascar ha ido estrechando cada vez más los lazos con Lagardère Sports y, sobretodo, con su director general en África, Idriss Akki, con quien acaba de realizar la Omra (peregrinación a la Meca). Se sospecha que los gastos derivados de ese viaje han corrido a cargo de la CAF.

No parece una muy buena carta de presentación para un presidente que llegaba generando la ilusión de ser el líder que por fin iba a acabar con la corrupción en el seno de la Confederación Africana de Fútbol. Más bien ha hecho todo lo contrario. Le ha sobrado medio mandato para verse envuelto en diferentes casos de corrupción y volver a poner en duda el buen funcionamiento de los organismos del fútbol mundial.

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