Debo decir que me siento algo decepcionado con Sergio Ramos. Más allá de sus cualidades deportivas, le tengo por un buen tipo, cariñoso en el trato las pocas veces que hemos coincidido. Sus desavenencias con Florentino Pérez las comprendo muy bien porque ya sabemos que el presidente se cansa de todo y de todos, y tolera mal que la influencia de Ramos en el club no se limite al terreno de juego. Recién despedido Lopetegui, la opción de Antonio Conte se consideró interesante porque se pensó que el carácter del entrenador italiano reduciría el poder de Sergio Ramos.

Sin embargo, y declarada mi predisposición al futbolista, me desconcierta que alguien como Ramos, que presume de ir de frente, haya vuelto a amagar con marcharse para volver luego al regazo del jefe. Ya ocurrió en 2015. Entonces el Manchester United jugó el papel del club chino. Las relaciones con el presidente estaban igual de deterioradas, pero todo se resolvió tan repentinamente como ahora. Cuentan que Florentino se dejó convencer porque consideraba excesivo que se marcharan el mismo verano Casillas y Ramos, tal vez las encuestas lo desaconsejaban. Luego, si les parece, entraremos en la habilidad de la presidencia para enemistarse con las leyendas del club.

El caso es que Ramos se quedó contento hasta que dejó de estarlo. Se sabe que se enfrentó a Florentino en el vestuario después de la eliminación contra el Ajax. Se hicieron reproches mutuos y la situación se tensó tanto con el paso del tiempo que Ramos apareció en el despacho de Florentino con la famosa oferta china. El presidente niega que filtrara la reunión; Ramos, también. Ya no importa. Pronto se darán un sentido abrazo en la boda del jugador y todo habrá quedado en una intoxicación periodística. Una más.

Ignoro si lo que se traen entre manos es un juego. O tal vez sea una teatralización propia del Pimpinela, aquella pareja (de hermanos) que fingían un terrible despecho en cada canción. Me cuesta creer que Ramos se preste a esa comedia, pero ya no sé qué pensar. Ni siquiera sé si deberíamos aplaudir por la representación. Soy un firme defensor de la desdramatización del fútbol y de la vida en general.

La otra posibilidad es que todo sea cierto. Que se lleven mal, horrible, pero que en el último instante de cada conflicto entiendan que les conviene seguir juntos. En ese caso suspenderían como actores y casi como adultos. Pero aprobarían como banqueros.

Lo único que doy por seguro es que volverán a pelearse. Nada cambiará cuando se reanude la temporada, porque a determinadas edades nadie cambia si no es a peor. Al vestuario llegarán, como siempre, las críticas del presidente y el mínimo contratiempo será la chispa que encienda el fuego. Solo una temporada inesperadamente plácida evitaría los problemas y no se espera tal cosa el primer año de una revolución. Así que con los primeros calores volverán los chinos y Pimpinela, y los desmentidos, y las renovaciones de amor o de contrato.

La cuestión que dejamos colgando alude a una extraña coincidencia: dos de los jugadores más relevantes en la historia del club, Casillas y Cristiano Ronaldo, han salido en los últimos cuatro años por la puerta de atrás. Sergio Ramos, quizá el tercero en relevancia, tiene una conexión inestable con el presidente. Y, si ampliamos la perspectiva, tampoco hay relación con Vicente del Bosque, uno de los mitos del madridismo y del fútbol español. Algo ocurre. Pero ya lo aviso: si tratan de reflexionar al respecto podrán ser tomados por peligrosos antimadridistas. Así que anden con cuidado.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here