Cada vez nos queda menos por disfrutar de Cristiano y Messi, dos bestias, que además de ser absolutamente diferenciales, han sido demoledoramente competitivos y regulares año tras año, nadie ha sido tan bueno durante tantos años como estos dos jugadores.

Por ese motivo, hasta que Messi y Cristiano no se apaguen, no se valorará en su justa medida a futbolistas como Griezmann, Neymar, Hazard o Dybala. En el caso del belga, no es que el argentino y el portugués nos desvirtúen a los cracks que hay en el mundo del fútbol, que lo hacen. Es que además Hazard, hasta la final de la Europa League, no había tenido una actuación relevante en Europa como sí han tenido los de su generación (Neymar, Griezmann o Bale), o como lleva años acumulando un tipo como Robben (que en grandeza debe sacarle tres cuerpos al belga).

A Hazard le faltaba esa gran noche europea, algo muy habitual en los grandes jugadores de la Premier de estos últimos años: Alexis, Agüero, Kane, Coutinho, Salah. En ese sentido, eran víctimas de los grandes fracasos de la Premier a nivel Champions, pero también hay que reconocer que las estrellas del fútbol inglés, fuera de ese ecosistema, dan una pereza terrible y pocas veces se muestran tan intimidantes como lo hacen en la liga inglesa.

Pero si hablamos del Hazard futbolista, en mi opinión, se ha confirmado esta temporada al convertirse en un jugador mucho más global y mejorar su interpretación del juego y su capacidad para asociarse.

Eden, en el Lille francés, era el típico jugador de chispazos, un regateador descomunal, que basaba su fútbol en acciones individuales. El belga, por su conducción y regate, parecía necesitar la banda para, desde esa posición, comenzar sus jugadas, daba igual una contra o una sucesión de pases más organizados, Hazard abría el campo y recibía en zonas cercanas al costado zurdo para atraer marcas y facilitar sus recepciones de cara a la jugada. Una vez con el balón lo normal era ver acciones de regate y conducción, sus famosas arrancadas. Pero ese fútbol le limitaba como jugador.

En el Chelsea, y con solo 21 años, tiene como entrenadores a Di Matteo y Benítez en su primera temporada, ninguno de los dos entendió que el belga es algo más que un extremito resultón. Tras ellos llega Mourinho con sus sistemas, Eden se frustra, correr y defender, jugar a 60 metros de la portería rival le amarga. Mou le exige un balance defensivo contranatura. Tras Mou y el breve paréntesis de 21 partidos de Hiddink, llega Conte con su pizarra. El primer año el italiano le usó en la media punta, sin mirar atrás, un primer año donde jugó cómodo y feliz. El segundo año, y tras el chasco con un Morata que no se rinde, el míster, a mitad de temporada, le empezó a colocar como falso delantero centro. Aunque la posición le era extraña, Hazard rindió. Comenzó a mejorar su capacidad de asociación, aprendió que una pared puede ser más valiosa que un regate, empezó a dominar más perfiles y, sobre todo, se reencontró con el gol.

Esa posición de falso delantero centro no es ni de lejos su posición, pero esos partidos le valieron para reconocerse como un jugador mucho más completo, más universal, capaz de tener diferentes respuestas a las preguntas de un partido y se dio cuenta de que podía ser un jugador mucho más dominante desde una posición más centrada. Tenía 26 años y dio un gran salto de madurez en su juego.

Este año con Sarri, Hazard ha sido el líder indiscutible del Chelsea, su jugador franquicia, su futbolista diferencial. Podemos decir que ha sido su año de confirmación como élite real. Hasta este curso era un gran jugador de momentos, de rachas, intermitente, pero este año ha demostrado su capacidad para liderar un equipo en el campo.

Para quienes le han visto poco, Hazard es un futbolista de regate (top 3 con Messi y Neymar), velocidad, fantasía, llegada, tan capaz de asistir, como de finalizar. Un delantero top. En clave Real Madrid, y planteadas las dudas correspondientes —cómo será el equipo de Zizou, a que querrá jugar el francés, cómo será su estilo o su sistema…—, se presentan diferentes opciones sobre su posición en el campo.

Hazard es un delantero al que le gusta mediapuntear, un jugador que necesita de espacio para poder conducir, que busca ponerse de cara a la jugada para desde ahí dominarla, que tiene habilidad y velocidad para resolver en espacios pequeños y ante marcas férreas, que ha ganado una gran interpretación del juego desde que ha centrado más su posición y que es amenaza de gol.

Como dice un amigo, si Isco fuese capaz de jugar a 200km/h sería Hazard.

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