Me había sentado a escribir sobre Griezmann, pero me lo he pensado mejor. No lo voy a hacer. Ya escribí en su momento. Mucho. Demasiado, quizás. Lo hice cuando me lo creía. Cuando, viéndole con la camiseta rojiblanca (y precisamente por eso), me dejaba llevar por ese juego de niño mal criado del que siempre fuimos tan recelosos. Cuando quería creer que sus modos de adolescente inmaduro no eran más que el efecto de la tergiversación y de la inocencia mal entendida.

Acabado el juego, el tipo acaba de romper unilateralmente el tablero, no tiene mucho sentido continuar con una farsa que ya no me creo. Tampoco lo tiene añorar a alguien que no merece ser añorado. Como profesional, como mercenario si lo prefieren, pocos peros. Ya obtuvo lo que merecía. Aplausos y (mucho) dinero. Estamos en paz. En mi opinión, no merece nada más. Ni una lágrima, ni un recuerdo, ni un miserable renglón de despedida. El muchacho ha elegido bando, así que, a partir de hoy, estando yo en el otro, le deseo lo peor. Lógicamente. Sin matices que lo dulcifiquen, ni elucubraciones hipócritas que me conviertan en un analista sensato. No es nada personal, que diría mi amigo Teno. Son negocios. A partir de hoy, el desprecio será mutuo.

De lo que sí me apetece hablar es del Atleti y de las lecciones aprendidas que, a mi juicio, nos deja toda esta historia.

Hace pocos días, Simeone dijo en una televisión argentina que el Atleti siempre armó su proyecto, y su forma de jugar, en torno a un jugador especial. Lo hizo con Falcao, y luego con Costa y luego con Griezmann. Está bien que sea así, pero hay que ser más inteligentes (o menos rufianes) si esa es la táctica. No se puede construir futuro sobre un jugador que no cree en el futuro, ni sobre uno al que se le pone un sugerente Precio de Venta al Público. Haciéndolo tan accesible al mercado que los periodistas hambrientos puedan pasarse tres años seguidos especulando sobre su salida y seguir pareciendo creíbles. Es obvio que el Atleti no es un equipo económicamente Top, de esos que pueden retener a quien quieran o fichar a las estrellas de otros equipos para luego sentarlas en el banquillo. Eso que sí hacen los equipos que juegan con otras reglas y tienen el dinero por castigo. Es obvio también que el Atleti no puede evitar tener que jugar a ese repugnante juego del mercadeo constante para sobrevivir en la élite, pero debería seleccionar un poco mejor los jugadores con los que regatea. Conservar el espíritu y la columna vertebral debería ser algo tan irrenunciable como prioritario. Lamentablemente, lo que vemos año tras año es exactamente todo lo contrario. Verano tras verano, asistimos anonadados al ejercicio de colocar cláusulas de Black Friday a nuestros mejores jugadores. Cláusulas que luego, por alguna razón, se reducen pasados los doce meses. No tiene ni pies ni cabeza, pero no creo que sea torpeza o casualidad. El arquitecto de que la dirección deportiva del Atleti se parezca a un zoco árabe donde todo está en venta tiene nombre y apellido: Miguel Ángel Gil. Alguien al que el espíritu rojiblanco y los aficionados le interesan lo mismo que a Griezmann.

Pero haría mal el Atleti si ahora se dejase arrastrar por la fiebre del Oro y, como hace el Barça (o su némesis), pretendiese calmar el cabreo de la afición con los nombres más buscados en YouTube o en Forocoches. El Atleti no eso ni lo será. Es más, tampoco quiero que lo sea. El Atleti sólo ha sido competitivo a lo largo de su historia cuando ha saltado al campo como un equipo compacto y no como el vehículo de una vedette floreada que mañana, lo mismo, decide irse a meditar sobre la insoportable levedad de ser millonario mientras se hace una foto con Kevin Durant y señora. Es más, las dos últimas ligas que ha ganado el cuadro colchonero fueron con equipos que no tenían una figura rutilante. Piénsenlo. El éxito del fútbol inglés está en apostar por proyectos al largo plazo (¿cuántos años lleva Klopp, Pochettino o Guardiola?) y contratar a jugadores que encajan en su proyecto y no a los jugadores que dice Maldini o Mister Chip o ese de twitter que sabe poner las comas. Sin Gabi, sin Juanfran y sin Godín, lo que necesita el Atleti, además de talento, por encima de cualquier otra cosa, es carácter. Colchonero (o potencialmente colchonero), a ser posible.

La única certeza que ahora mismo tiene un equipo desnaturalizado como el Atlético de Madrid se llama Diego Pablo Simeone. Es algo tan evidente que duele. Un tipo que, año tras año, se inventa un Atlético de Madrid y que, por las buenas o por las malas, sigue quedando en lo alto de la tabla. A pesar de una directiva que desprecia el genuino espíritu rojiblanco, que está empeñada en borrar la historia y que además no tiene reparos en hacerlo con métodos dignos de la propaganda nazi. A pesar de unos medios que son arte y parte, que cada vez son más deudores del zasca o el titular pornográfico, y que, como Tebas, han apostado todo al Madrid/Barça. A pesar de una nueva corriente de aficionados, hija de una sociedad enferma y reprimida, con gran tolerancia a la manipulación, que tiende a medir los sentimientos en euros, que no distingue la derrota del fracaso, que es adicta a la propaganda grandilocuente, que son impotentes para encontrar la alegría, que es demasiado dependiente del juicio de los demás y que confunde felicidad con envidia. Sinceramente, me parece un milagro que estemos donde estamos. Por eso todo lo que no sea cerrar filas en torno a Simeone, además de no interesarme, me parecerá mentira.

La vida sigue. ¡Faltaría más! A finales de agosto el Atleti se presentará con veintidós jugadores, tratará de ganar los partidos que juegue, y sus aficionados estaremos en el mismo sitio en el que llevamos 116 años. Como ha sido siempre. Porque nosotros no nos vamos a ir cuando haga un poco de frío o cuando nos entren ganas de probar ese estupefaciente que dicen que nos haría tanto bien. Porque el que se va, ya no es. Así de claro. El resto, ahora mismo, me parece tan irrelevante como aburrido. Eso sí, me parece un buen momento para que los que tengan dudas de fe abandonen el barco. Aprovechen. Luego será tarde.

7 Comentarios

  1. Muy buenas. lo que no es de recibo es pagar 20 kilos ( más sueldo y pluses) a un jugador que nunca los ha valido( ni en la final del mundial, que ganó el menos malo) y encima con declaraciones cuanto menos bordeables con el minimo sentimiento de pertenencia profesional a una empresa( tampoco le pedimos que se haga del atleti, solo que entrene y juegue para él) y como dice el gran Kiko encima ponernos de rodillas para que renueve y el muy pajaro baje la clausula, sabiendo que sino ganaba este año la champions se piraba( y aun ganandola se hubiera pirado).En fin, el atleti siempre fue algo más que un futbolista y un entrenador.Y hablando de este ultimo y su fe en Diego Costa( que el que venga con algo y con lacito, se lo lleve) y en otros jugadores que hacen del atleti una maquina de perder pasta( que no tenemos), no sea que nos pase como al Superdepor, y pasemos de ser un equipo simpatico( y del pueblo) a ser los animadores pagafantas que entrarén en bancarrota. O sea que ojo con los profetas, que se acaban yendo y aqui nos quedaremos los que estabamos cuando Arteche aun era defensa en activo. Y a mucha honra hombre! Y aupa atleti!

  2. Gracias amigo
    Lo peor
    Niñitos
    Solo siento q por fallar ese penalti que no era digno de tirar por una vedette, hoy no hayan visto mis ojos ganar a mi Aleti la Champions…

    Lo peor
    Recogerás los mismos balones q el turco

    Que te vaya feo…y aún peor

  3. A mi, ni me sorprende, ni me preocupa, ni me indigna (excepto si se fuera al Trampas, porque eso explicaría muchas cosas y ninguna buena). Mucho más me molesta que la imagen del Atleti se vea empañada por ir a jugar a Israel y posiblemente a Arabia Saudí.
    Este es el fútbol moderno, donde el aficionado es una figura decorativa que ni pincha ni corta.

  4. […] 3/Griezmann. El Atleti hizo un esfuerzo sobrehumano por retener al futbolista francés. Uno que va más allá de lo económico. Con esa renovación, la confección de la plantilla, la preparación y la forma de jugar del equipo pasaban a estar condicionadas por la presencia de un jugador concreto. TODO giraba a su alrededor. Los riesgos eran evidentes: desequilibrios en la plantilla, celos, paso al lado de los que se sintiesen perjudicados…, pero era una apuesta que parecía razonable. No ha salido. No lo era. Es más, ha resultado un rotundo fracaso. Lo fue además desde el principio, porque Griezmann nunca se lo creyó. Nunca creyó en el Atleti, ni en el futuro, ni en nada más que en sí mismo. Su compromiso con el proyecto era tan profundo como sus fotos vestido de afroamericano y con peluca de rizos. Griezmann ha sido un (muy) buen empleado y siempre ha hecho bien lo que le mandaron, pero nunca ha sido un jefe y mucho menos un líder. A pesar de que, técnicamente, ese era el papel que le correspondía. Con el adalid pasando completamente de proteger la esencia del cuartel es hasta natural que el resto de la tropa se inhibiese de hacerlo. Es difícil subirte al carro de quien no se lo merece. Moraleja: nunca más. El Atleti deja de ser el Atleti cuando deja de ser un equipo. La franquicia del Atleti debería ser siempre su propio nombre y no el de cualquier mercenario de voluntad moldeable y valores que se pueden comprar fácilmente en el Apple Store. […]

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