Iker Casillas ha sido el último deportista de élite en sufrir una lesión cardiovascular. En el caso del portero español, un infarto de miocardio provocado por la obstrucción de la arteria coronaria derecha. Afortunadamente, Casillas se encuentra estable y su vida no corre peligro después de la operación de emergencia a la que ha sido sometido en Portugal.

Las enfermedades cardiovasculares forman parte de la historia negra del fútbol español. En la memoria de todos los aficionados están las fatídicas muertes de Dani Jarque y Antonio Puerta. Jarque falleció el ocho de agosto de 2009, víctima de un infarto agudo de miocardio. Entonces se encontraba de pretemporada con su equipo, el Espanyol. Todos los minutos 21, el dorsal que lucía, los aficionados periquitos rinden un emotivo aplauso al que siempre será su eterno capitán.

Menos de dos años antes, el 28 de agosto de 2007, Puerta falleció por culpa de una encefalopatía postanóxica, una enfermedad cardiovascular causada por la falta de oxígeno y nutrientes en el cerebro. Tres días antes, el defensor del Sevilla se desplomó en la primera mitad de un partido liguero contra el Getafe, en el Sánchez-Pizjuán. Sufrió un paro cardiorrespiratorio y fue trasladado de urgencia a la UCI. Desgraciadamente, los servicios médicos no lograron salvarle. Antonio Puerta, como Dani Jarque en el Espanyol, es una de las grandes banderas del Sevilla.

El 26 de junio de 2003, Marc-Vivien Foé se desvaneció sobre el terreno de juego del viejo estadio de Gerland, en Lyon, víctima de una hipertrofia en el ventrículo izquierdo del corazón. Foé estaba jugando el partido de semifinales de la Copa Confederaciones con su país, Camerún, contra Colombia. Apenas quedaban doce minutos para el final cuando sucedió la tragedia. Los médicos de la FIFA intentaron salvarlo, pero no lo lograron.

Más suerte corrió Rubén de la Red, quien en 2008 se desmayó en un partido de Copa del Rey del Madrid en Irún. La carrera deportiva del centrocampista madrileño, tremendamente prometedora, se vio truncada a partir de ese encuentro. El caso de De la Red generó un debate en el fútbol español por lo repetidas que empezaban a ser las lesiones cardiovasculares entre los futbolistas de la Liga.

Por si la preocupación no fuera lo suficientemente importante, sólo un año después, Sergio Sánchez, jugador de un club tan golpeado por la desgracia como el Sevilla, tuvo que abandonar la actividad profesional por culpa de una dolencia cardíaca. El central catalán se recuperó y volvió a los terrenos de juego con absoluta normalidad. Actualmente milita en el Cádiz.

Fabrice Muamba sufrió en 2012 un paro cardiaco en medio de un partido de FA Cup entre su equipo, el Bolton, y el Tottenham. El futbolista congolés permaneció durante 78 minutos clínicamente muerto. La atención médica inmediata y, especialmente, la intervención del desfibrilador portátil le salvaron la vida. Un tiempo después, Muamba publicó una carta en la que recordó aquel día: “No hubo dolor, nada que me previniera. Simplemente pasó. No recuerdo nada de lo que ocurrió después”.

El futbolista español Manuel Ruz tuvo que retirarse en 2013 por culpa de una pericarditis de origen vírico. Apenas tenía 26 años. Unos años después, otro futbolista español sufrió la misma enfermedad. Afortunadamente, Dani Carvajal no tuvo que colgar las botas y pudo seguir haciendo historia con el Madrid.

En 2014, nada más firmar por el Atlético de Madrid, Ángel Correa tuvo que ser operado de un tumor benigno en el corazón. Tenía sólo 19 años. “Los médicos me habían dicho que todo iba a ir bien y que no había ningún riesgo de no poder volver a jugar. Sin embargo, todo era mentira. Me mintieron. No me dijeron nada antes de la intervención para que accediera, pero después de salir y que todo fuera con éxito me contaron que existía el riesgo de no poder volver a jugar. Por supuesto, todo salió bien y pude seguir”, confesó. El delantero argentino hizo frente a la realidad y regresó a hacer lo que más disfruta.

Fuera de los estadios de fútbol hay varios ejemplos de deportistas que han sufrido lesiones cardiovasculares y han logrado salir adelante. Uno que salvó su vida fue el primer y único tenista de raza negra en ganar tres Grand Slam. Arthur Ashe finalizó su exitosa carrera en las pistas en 1979, víctima de un infarto de miocardio similar al que acaba de sufrir Casillas. Ashe no volvió a competir. Su caso fue uno de los primeros que golpearon al deporte.

La nadadora Dana Vollmer sufrió con 16 años una taquicardia supraventricular, un trastorno cardíaco que provoca de forma ocasional arritmias. Hoy Vollmer es plusmarquista mundial en los 100 metros mariposas y cuenta en su palmarés con 28 medallas en competiciones internacionales. Eso sí, siempre que se sumerge en la piscina cuenta con un desfibrilador cerca. Su corazón llegó a alcanzar las 240 pulsaciones por minuto.

Uno de los ejemplos más reconocidos es el de Alberto Contador. El ciclista español se desplomó contra el suelo mientras corría la Vuelta a Asturias. Tenía 22 años y acababa de sufrir una lesión vascular congénita llamada cavernoma cerebral. Después de varios meses de rehabilitación, Contador se recuperó y volvió a subirse encima de la bicicleta. El resto es historia del deporte español.

Otro deportista español tan reconocido como Javier Gómez Noya padece una enfermedad cardiovascular llamada valvulopatía aórtica congénita. El triatleta ferrolano tiene que lidiar con ese problema de salud y hasta la fecha no le ha ido nada mal. Su plata en los Juegos de Londres 2012 fue la primera medalla olímpica de la historia de España en la disciplina del triatlón. Actualmente ostenta nada menos que cinco campeonatos del Mundo y cuatro de Europa.

A principios de 2017, Craig Cunningham estuvo a punto de morir. El jugador de hockey sobre hielo se desmoronó en un partido de su equipo, los Tucson RoadRunners, contra los Manitoba. Cunningham permaneció nueve días en coma. Había sufrido un ataque al corazón pese a que era un deportista joven y sano. La desgracia no quedó ahí. Los servicios médicos le tuvieron que amputar una pierna por unos problemas derivados del ataque. Solamente cuatro meses después de la operación, Cunningham volvió a pisar una pista y a ponerse unos patines.


Un estudio de la Escuela de Ciencias del Deporte de Oslo, publicado a finales del año pasado, advirtió que los futbolistas profesionales corrían, con respecto al pasado, “un riesgo mucho mayor de sufrir un ataque al corazón”. Que Casillas esté estable es la mejor de las noticias posibles. Porque el mayor triunfo sigue siendo el de la vida

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