Iker Casillas, de 37 años, tendrá que dejar el fútbol de élite después del infarto sufrido hoy durante el entrenamiento del Oporto. Así lo recomiendan los cardiólogos para casos similares, pues el fútbol es un ejercicio que impone un alto estrés al aparato cardiovascular. El deporte no está prohibido para quienes han sufrido un infarto, pero el fútbol es uno de los desaconsejados por los especialistas, dado que su intensidad es difícil de controlar para quien ha sufrido un infarto. La tensión del juego, incluso para un portero, puede provocar episodios cardiovasculares agudos en pacientes predispuestos. Al tratarse además de un deporte de contacto, existe una alta probabilidad de traumatismos que deben ser evitados en pacientes con medicación anticoagulante o antiagregante, con mayor posibilidad de hemorragias.

Entre los deportes aconsejados para personas que han sufrido infartos están el running o el ciclismo, por ser prácticas deportivas en las que es fácil medir el esfuerzo y controlar la intensidad, y detenerse llegado el caso, y por no estar expuestos al contacto con otros deportistas.

Un caso similar al de Casillas lo protagonizó en 2010 el futbolista del Salamanca Miguel García, que sufrió un infarto durante un partido contra el Betis. Entonces fueron los propios cardiólogos del Hospital Clínico de Salamanca quienes le anunciaron que no podría volver a jugar al fútbol. Miguel García, que tenía 31 años, se desvaneció en mitad del partido por un infarto y los médicos de ambos clubes, ayudados por los miembros de la Cruz Roja, consiguieron reanimar al jugador después de que estuviera «quince minutos muertos», según declaración del médico del Salamanca.

Al igual que ha ocurrido con Casillas, en el Hospital se le intervino para colocarle un stent coronario, un dispositivo que libera la oclusión de la arteria obstruida. Miguel García pasó la noche en Cuidados Intensivos y al día siguiente fue trasladado a planta.

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