El Manchester City no siente ilusión por ganar la Champions, sino presión. Hasta obligación, diría. Todo lo contrario que el Tottenham. Es evidente que la Orejona es la asignatura pendiente de Guardiola con el City. Básicamente, porque no es lo mismo dominar Inglaterra que dominar Europa con un equipo inglés, desde luego. Tras caer eliminado en octavos y en cuartos, busca que la tercera oportunidad sea la definitiva y definitoria. Esta vez, volvió a decepcionar contra el equipo de Pochettino, cuyo premio, y no por ello menos merecido, es avanzar en el cuadro lo máximo posible.

De los cuatro equipos ingleses presentes en cuartos de final, hasta tres podrían ocupar una plaza en semifinales. Lo normal es que fuesen dos, eso sí. Teóricamente, Liverpool y Manchester City; pero solo presumiblemente…

No lo es por nombre ni por historia, pero, precisamente, el City protagoniza ante el Tottenham el gran duelo de esta fase. Al menos, el más igualado. Mucho más que el Manchester United-Barcelona, en principio. El año pasado, el equipo de Guardiola cayó eliminado en esta misma ronda. También ante un equipo inglés, el Liverpool. No fue capaz de ganarle en la ida, pero tampoco en la vuelta. Ahora, tiene una nueva oportunidad de igualar su máximo histórico en Champions, lo mismo que el Tottenham. Efectivamente, el techo de cristal de ambos está en semifinales.

Decepcionó el City en la primera mitad, que repartió su posesión, fundamentalmente, entre sus cuatro defensas. Los mediocentros creativos brillaron por su ausencia. El balón iba de Walker a Otamendi; este distribuía para Laporte y el francés para Delph. Y vuelta a empezar. Así sucesivamente. El narrador combinó sus nombres de todas las formas posibles, eso sí. Por tanto, demasiada paciencia o tranquilidad para un objetivo tan ambicioso, en definitiva. De hecho, en más de una ocasión pudieron meterse en un lío. La tan bien trabajada presión del Tottenham tuvo, desde luego, gran parte de la culpa.

Sergio Agüero desaprovechó un penalti rectificado por el VAR, lo cual ya no debería de ser noticia. Si él no lo falló, en todo caso, lo detuvo Hugo Lloris. El Tottenham se veía perdiendo 0-1, con lo que significa un gol en contra en Champions, pero el portero francés adivinó perfectamente las intenciones del delantero del City. Tras lo ocurrido, y pese a que el marcador reflejaba empate a cero, el equipo local ganaba a nivel anímico. De hecho, Harry Kane y alguno más estuvieron a punto de convertir las sensaciones en goles.

Contra pronóstico, la segunda mitad arrancó de maravilla, mucho más activa por ambas partes. Sin ir más lejos, en apenas cinco minutos ya se habían igualado las ocasiones del primer tiempo. Sin duda, el segundero del reloj avanzó mucho más deprisa.

Sin la referencia en ataque de Kane, lesionado en la segunda parte, el gol que tanto mereció el Tottenham en los primeros 45 minutos llegó en los 45 siguientes. Fue obra de Heung-Min Son. Él firmó el primer gol en la historia del reformado White Hart Lane en la Premier y para él es también el primer gol en Champions. Guardiola reaccionó demasiado tarde con los cambios de Leroy Sané y Kevin De Bruyne. Lo hizo prácticamente con el tiempo vencido, en vano. Concretamente, a falta de dos minutos.

Derrota por la mínima y desventaja para el City, cuyo propósito hoy era pisarle los zapatos nuevos al Tottenham y dejar huella en ellos para siempre, como la dejan las primeras veces. Finalmente, no fue capaz de bautizar el estreno europeo del nuevo estadio, donde el equipo local sigue invicto. El gol de Son bien vale una ilusión.

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