El partido entre el PAOK Salónica y el AEK Atenas de la Superliga griega de la pasada campaña terminó antes de que el árbitro pitara el final. La tablilla con el tiempo de añadido ya se había mostrado y el marcador era de empate a cero. Ese resultado era oro para el conjunto ateniense, que había viajado al estadio Toumbas líder con dos puntos de ventaja sobre el tesalónico. En un tiro de esquina a la desesperada, Fernando Varela se levantó sobre el resto y remató a las redes la pelota. El PAOK se ponía líder a falta de cinco jornadas para el final del campeonato. El árbitro señaló gol… por unos segundos. El tiempo que tardó en retraerse de su decisión inicial y anular el tanto por fuera de juego. De la euforia se pasó a la ira. Para cuando el colegiado quiso darse cuenta, una manada de jugadores, integrantes del cuerpo técnico y directivos locales le rodeaban. El más exaltado era Ivan Savidis. La imagen dio la vuelta al mundo: el presidente del PAOK escondía una pistola en la cintura y se dirigía decidido a por el árbitro. Poco más de un año después de esa noche han vuelto a reventar los audiómetros de Salónica.

En esta ocasión por un motivo feliz. El PAOK ha ganado la Superliga griega tras 34 años de espera. El conjunto tesalónico ha sido un campeón brillante. Tanto que ningún equipo de Grecia ha logrado derrotarle. En total, 29 partidos con 25 victorias y solamente cuatro empates. Un punto ante el modesto Levadiakos, penúltimo en la tabla, era suficiente para alzar el trofeo. La fecha del día para hacer historia no podía ser más celebre: el noventa y tres aniversario del club. En la previa al encuentro, los jugadores del PAOK presenciaron desde su hotel de concentración una espectacular línea de bengalas que bordeaba toda la costa de la ciudad. Fue la particular muestra de apoyo de los aficionados. El preludio de lo que estaba por venir.



El partido cumplió con los pronósticos y terminó con un contundente 5-0 a favor del PAOK. Las celebraciones posteriores estuvieron a la altura de las décadas de sequía que había soportado el norte del Egeo. El Toumbas se inundó de miles de bengalas. Realmente parecía un infierno. El ruido de los aficionados era ensordecedor y el humo impedía ver las celebraciones a pie de campo. Esta Superliga es histórica no sólo por ser la primera del PAOK en 34 años, sino también porque ha roto con la tiranía de triunfos capitalinos que regían el país. Los últimos treinta campeones griegos provenían de Atenas. El AE Larisa fue el antes en 1988 y el PAOK ha sido el después en 2019. Entre estas dos fechas se acumulan diecinueve títulos del Olympiakos, seis del Panathinaikos y cinco del AEK, precisamente el equipo que retrasó un año las incendiarias celebraciones del PAOK…

El ansiado título tesalónico se escapó la campaña anterior de la forma más frustrante y dolorosa. Georgios Kominis, el colegiado del encuentro ante el conjunto ateniense, se refugió en los vestuarios después de la invasión de campo. Los jugadores rivales hicieron lo mismo. Los precedentes no invitaban a la tranquilidad. Tan sólo dos semanas antes, Óscar García había sido agredido con un rollo de papel de una caja registradora en los instantes previos al comienzo del duelo liguero que enfrentaba a PAOK y Olympiakos, equipo que entonces dirigía. El partido fue suspendido y los locales fueron sancionados con la pérdida de los tres puntos y el cierre de puertas del Toumbas por dos encuentros. El PAOK acusó al técnico catalán de fingir la agresión. Pablo García, exjugador del club de Salónica y de Real Madrid, Osasuna o Milán, fue un paso todavía más lejos con sus declaraciones: “Me da mucha pena. Fingió totalmente. ¡Una serpentina! ¿Qué daño puede hacer? Ni para mi equipo quiero un entrenador así. ¿Cómo llega a su casa y mira a sus hijos y a su familia a la cara?”.

El encuentro liguero entre PAOK y AEK no adquirió la categoría de decisivo hasta la misma mañana del partido: sorpresivamente, el EPO (Comité de Apelaciones de la Federación Griega de Fútbol) devolvió al conjunto tesalónico los tres puntos retirados tras la agresión a Óscar García y volvió a abrir las puertas del Toumbas a los aficionados. Si el PAOK ganaba el partido, con su gente en las gradas, le arrebataba el liderato al AEK. Y la victoria se produjo. Al menos, según la primera acta arbitral, el duelo terminó con 1-0 a favor de los locales. La locura de la invasión de campo impidió la corrección del documento hasta que no se dio por suspendido el encuentro. Para entonces, la imagen del presidente del PAOK saltando al campo con una pistola colgada del cinturón ya se había hecho viral. “Me parece lamentable que un presidente vaya al centro del campo a increpar al árbitro y después se dirija al banquillo del rival con la misma intención. No entiendo, alucino. Es de película de Chuck Norris o Clint Eastwood”, afirmó Manolo Jiménez, entonces entrenador del AEK, en la Cadena Cope.

Ivan Savidis, el presidente del PAOK, no sólo detuvo un partido. El gobierno griego ordenó la suspensión de la Superliga durante tres semanas por culpa de los incidentes violentes que protagonizó. Además la historia de Savidis es de película. Nacido en Georgia en 1959, posee la doble nacionalidad greco-rusa. De joven sirvió como sargento mayor en el ejercito soviético y fue parlamentario de la Duma. Uno de sus mejores amigos es el presidente ruso Vladimir Putin. Actualmente, atesora varios negocios de distribución alimenticia y dirige una fundación destinada a la restauración de santuarios ortodoxos. Sus críticos argumentan que la sanción que recibió el PAOK tras la agresión que sufrió Óscar García fue retirada por la influencia que posee en Grecia. Lo que está fuera de dudas es que Savidis ostenta una de los patrimonios más cuantiosos de Rusia. A pesar de las disculpas públicas, (“lamento mucho lo sucedido. Claramente no tenía derecho a ingresar en el campo de juego de esta manera”), el dirigente no se libró de la prohibición de entrada a los estadios por tres años que hoy pesa sobre él.

Savidis fue una de las personas más aclamadas en la celebración del título. El presidente del PAOK fue recibido por los pasionales aficionados de Salónica como un héroe. En la plantilla del campeón griego destacan dos españoles. Son José Cañas y José Ángel Crespo. Ambos futbolistas fueron de la partida en el polémico partido liguero ante el AEK. Ha pasado poco más de un año desde aquella noche negra para el fútbol heleno. Ahora las lágrimas del estadio Toumbas son de alegría y no de tristeza… Y, si nada se tuerce, atenienses y tesalónicos volverán a verse las caras por un título en la próxima final de la Copa griega. Ojalá ninguna pistola sea necesaria.

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