Morata no sabe lo que es una colleja. Ni remotamente. Es demasiado joven o demasiado alto. Las collejas fueron costumbre hasta los años noventa. Si te cortabas el pelo, cualquiera se sentía autorizado a darte una colleja. En algunos barrios la colleja también era obligada si estrenabas zapatillas. O si eras un pardillo recalcitrante. Podía venir de un amigo o un conocido. Nadie se resistía a la tentación. Y nadie se enfadaba en exceso, especialmente si la colleja se acompañaba de una exclamación guasona e irrebatible: “Entre oreja y oreja.. ¡colleja!”. Si no querías recibir collejas lo tenías fácil: bastaba con dejarse el pelo largo o no agachar la jamás la cabeza. Muchas melenas legendarias nacieron por el miedo a la colleja.

Los que hemos repartido y encajado collejas las distinguimos a la perfección. Las collejas suenan, incluso con cierto estruendo, ¡plas! O ¡cataplás!, si la mano es grande. Si no hay ruido no hay colleja. Algo parecido, aunque de sonoridad más apagada, ocurre con los capones, que también son golpeos en extinción. El impacto de los nudillos sobre el cráneo generaba una peculiar vibración de ondas que se transmitían hacia el interior del cerebro y todavía retumban un poco.

Morata no sabe nada de esto. Es posible que tampoco sepa que Capón es un jugador histórico del Atlético, de cuando los futbolistas tenían bigotes de policía turco. En el Atleti también jugó Calleja, pero siento que me estoy desviando del tema.

El árbitro Alberola Rojas, de 27 años (uno más que Morata), tampoco puede tener mayores conocimientos sobre el mundo de las collejas. Al ser de Ciudad de Real, tierra de arraigadas tradiciones, es posible que se haya tambaleado por la colleja de algún tío burlón, pero dudo mucho que haya pegado más de dos o tres buenas collejas en toda su vida.

De tal manera que resulta de todo punto imposible que Alberola le diera una colleja a Morata. Lo suyo fue un gesto amistoso, o pretendió serlo, uno de esos cachetes que los deportistas se dan en las nalgas sin mayores reparos y con diferente intensidad. El problema es que Morata no se sintió cacheteado por un venerable árbitro, sino por un muchacho de su misma edad que encima es más guapo y tiene título, Míster Yébenes. Por eso se revolvió. Más que una protesta, aquello fue una berrea.

Simeone, que es un entrenador a collejero, siguió la corriente a Morata, seguramente más divertido que alarmado. Lo asombroso es que también se la haya seguido el Comité Técnico Arbitral, que ha castigado a Alberola con dos partidos. De la sanción se deduce que miembros del citado comité también saben muy poco de collejas y, desde aquí me gustaría transmitirles que cualquier momento es bueno para corregir ese déficit. 

2 Comentarios

  1. Buenísimo artículo, me troncho!! De acuerdo en todo, pero lo que también es verdad es que sobraba tanto toqueteo. Si lo hace Morata le caen 4 partidos. Y que conste que la reacción de Morata me pareció de chiste

  2. Es una pena que los futbolistas nos den continuamente muestras de que no son más que niñatos , sus acciones ridículas y teatrales aburren . Morata demostró que no es más que otro chaval que vive fuera de la realidad , un «intocable» , eso si , no tardaremos en verle haciendo el chorra en las RRSS … ese es el fútbol de hoy , más fotos en instagram que goles en el Wanda.

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