Una vez más se ha demostrado que el ciclismo no solamente vive de rampas imposibles y finales infernales. Hay ciclismo mucho más allá de eso y la etapa final de Catalunya, con el circuito de Montjuic, lo demuestra cada año. Edición tras edición, la carrera vive momentos de gran espectáculo, de ataques y contraataques en Barcelona, con el añadido de una general en juego que se ha llevado Miguel Ángel López tras solventar una complicadísima situación de carrera propiciada por los valientes y talentosos gemelos Yates, que buscaron la carrera juntos, demostrando que cuando cenan en familia hablan y se llevan bien.


Simon se vació por Adam como otras tantas veces pasará al revés. Si entre compañeros de equipo esto es normal, pues imaginen entre compañeros de equipo y hermanos. Incluso tuvieron la ayuda de un compatriota que pasaba por allí, Knox, que hizo patria y ayudó en lo que pudo. Pero el órdago quedó sin premio porque Astaná se organizó bien, porque Valverde se probó y porque Bernal es ambicioso y puso a cuchillo a Sivakov buscando sus opciones. A 4 de meta solventaron el problema; Miguel Ángel pudo relajarse, Davide Formolo completar su exhibición sobreviviendo en una fuga de nivel para ganar la etapa y a Enric Mas le dio tiempo de coger unos segundos y terminar segundo de la etapa y con mejores sensaciones que días anteriores.


Un circuito fantástico


Mientras todo eso sucedía a la velocidad de la luz, casi ni nos dimos cuenta que una treintena de corredores se iban bajando de la bici. Unos por caída y otros por no resistir la dureza de esta gran etapa. Aguataron hasta el final dan Martin, Richard Carapaz y Chris Froome, tres ilustres que se pasaron treinta kilómetros saludando al público, cortados en carretera. Y peor fue lo de Marc Soler o Romain Bardet, que se fueron al suelo y tuvieron que poner marcha hacia el hospital, doloridos y con lesiones aparentemente visibles.

Y es que Montjuic, ese rincón que sirvió a Barcelona para lucir su mejor imagen en el añorado 1992 convirtiendo a la ciudad en capital del mundo, se cebó con los ciclistas esta vez. Decidió convertirse en escaparate para el espectador, que vibró con este fantástico deporte durante la hora y media en que se cubrieron las ocho vueltas establecidas. Con una participación de lujo, con cada uno buscando sus opciones y con medio mundo mirando, Barcelona volvió a ser el mejor escenario de una Volta a Catalunya que crece a diario y que ha dado dos pasos adelante en este 2019.

Y en nada, País Vasco.

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