En este partido, y no ocurrirá en muchos, el juego no tiene apenas importancia en comparación con los símbolos. De manera que pasaremos por alto el fútbol (escaso) para concentrarnos en el valor de lo simbólico. Zidane recuperó en su estreno a los señalados por Solari, o por el club, sobre este asunto volveremos luego. Y el resultado es que el Real Madrid ganó con un gol de Isco, el más representativo de los desheredados, y otro de Bale, el genio pendiente de traspaso. ¿Casualidad? Quién lo sabe. Hasta los más poderosos imperios nacieron de una chispa espontánea. Y se derrumbaron por lo mismo.

El primer once de Zidane fue una absoluta sorpresa por la concentración de novedades. Jugaron de inicio Keylor, Marcelo e Isco, e iremos por orden. El cambio en la portería ofrecía diversidad de lecturas. La más amable, dar un descanso a Courtois, quizá con algún achaque que desconocemos (melancolía, Alba Carrillo, astenia primaveral). La lectura más agresiva lo es mucho: deslegitimar el fichaje del portero belga. Es conocido que Zidane defendió siempre a Keylor como su guardameta, cuestión que lejos de ser caprichosa estaba refrendada por los títulos: tres Champions seguidas.

La entrada de Isco también era noticia de primera plana. Del ostracismo a la titularidad. En este caso, la decisión evidencia un cambio de criterio y de política, también de filosofía. Según parece, la condena de Isco tenía más motivaciones personales que deportivas, sin que esto signifique un elogio del malagueño; contra el Celta jugó mal, básicamente porque intervino poco, pero su indulto nos hace ver que el pecado no era tan grave. En este punto, hay que preguntarse si Solari decidió marginar a un jugador tan relevante como Isco solo o en compañía de otros. Cuesta creer que el club permitiera tal cosa a un entrenador interino. Pero los caminos del señor son inescrutables, en general de todos los seres superiores. Por cierto, Isco se pasó el partido sonriendo.

El partido habría tendido a la somnolencia de no ser por el interés latente, por la posibilidad de que los reos se hicieran perdonar. Zidane hizo lo posible porque así fuera. Planteó un 4-2-3-1, cuyo objeto, me lo recordó Javier Hernández, es que el equipo no se partiera y que los cansancios quedaran más disimulados.

Sin nada por delante y con poco por detrás (el Celta no tuvo ni hambre ni fe), el gol de Isco fue el elemento sustancial porque quizá fue el único elemento a considerar. Su cambio ya estaba programado y desde el banquillo aguardó a la decisión del VAR. Gol. De Isco a Solari. De Zidane a todos. Del sentido común a las buenas maneras.

Bale puso la guinda a una tarta sin bizcocho y sin nata. Marcó con la derecha y es seguro que también quiso decirnos algo, lástima que no se le entienda nada cuando está callado.

La sensación final fue extraña. No había ocurrido nada demasiado relevante sobre el campo, pero alrededor habían sucedido acontecimientos de digestión lenta. Zidane trama algo. Ha vuelto con condiciones y con todos los salvoconductos posibles. Faltan diez partidos de Liga y sospecho que se nos harán cortos.



1 Comentario

  1. Cuando algún periodista tenga la valentía de contar la verdadera intrahistoria del Real Madrid con el periodismo,creere en ustedes,mientras me demostrais día a día que el rencor y la prepotencia os supera.
    Seguirá hacia delante sin vosotros .
    Florentino Perez no es el Real Madrid y ahí os estáis equivocando.¡Hala Madrid!

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