La historia es compleja, pero si la simplificamos al máximo diremos hay dos actores principales. Son dos personajes antagónicos, rivales ideológicos y filosóficos. Por un lado, Luis Rubiales, presidente de la Federación Española de Fútbol desde el 17 de mayo de 2018. Por otro, Javier Tebas, presidente de LaLiga desde 2013. Las fechas son importantes para observar el giro de los acontecimientos hasta la colisión total. En los últimos diez meses, Rubiales y Tebas se han peleado por los horarios de la Liga, por el partido de los lunes, por la posibilidad de jugar en Miami y, ahora, por el fútbol femenino.

Se podría considerar que es una guerra por el poder antes que por el dinero, pero el dinero está demasiado relacionado con el poder como para excluirlo de la ecuación.

El último conflicto, en apariencia, tiene como origen los derechos de televisión del fútbol femenino. La Asociación de Clubes del Fútbol Femenino, convertida en patronal, reclama la gestión y comercialización de estos derechos televisivos para hacer frente a la definitiva profesionalización de la Liga. La firma del convenio colectivo y la subida del salario mínimo hasta los 20.000 euros son dos asuntos pendientes en el fondo del armario. La reclamación parece lógica y pretende replicar el modelo del fútbol masculino: en 1984 se creó la Liga de Fútbol Profesional como órgano independiente vinculado a la Federación y entre sus competencias está la comercialización de los derechos televisivos.

En el caso del fútbol femenino, la Federación defiende que es a ella a quien compete la gestión de los derechos de televisión y se aferra a los estatutos (artículo 4) aprobados por el Consejo Superior de Deportes: “…corresponde a la RFEF, como actividad propia, el gobierno, administración, gestión, organización y reglamentación del fútbol en todas sus especialidades”. En defensa (presunta) de estas atribuciones es por lo que la Federación ha anunciado la creación de una Liga alternativa a la actual Liga Iberdrola, la única que dará acceso a las competiciones europeas bajo al amparo de la UEFA.

Un inciso. Quien piense que los derechos televisivos del fútbol femenino son un bocado suculento se puede ir quitando esa idea de la cabeza. Tanto es así que Gol no paga nada por emitir los partidos y Mediapro tampoco, solo pone la producción; se entiende como un acuerdo de colaboración y promoción en el que ha tenido mucho que ver Javier Tebas, amigo de Jaume Roures, mandamás de Mediapro.

Aquí se complica la trama. A partir de 2015, la Liga de Tebas decidió promover la Liga femenina sin dejar de reconocerla como una competición de la Federación Española. Sin embargo, la colocó bajo su paraguas. Aparentemente, y con la excusa de ayudar al fútbol femenino, LaLiga y la Federación se dieron la mano. Prueba de esa sintonía son las declaraciones de Rafael del Amo, presidente del Comité del Fútbol Femenino de la Federación Española, en un encuentro organizado por Tebas la pasada primavera. “Solo hay una visión, estar juntos. Juntos tenemos que trabajar con el proyecto del fútbol femenino. No podemos ir cada uno por nuestro lado. Tenemos que crecer, tener más visibilidad. Estaremos unidos, sin poner pegas y facilitándolo todo”.

La armonía duró poco. Rubiales accedió a la presidencia apoyado por los mismos clubes (Barcelona, Real Madrid) que estaban enfrentados a Tebas, defensor de una negociación colectiva de los derechos de la Liga. Y fue entonces cuando la Federación se propuso recuperar el control del fútbol femenino. Lo siguiente fue el enfrentamiento directo con la Asociación de Clubes del Fútbol Femenino, demasiado parecida a LaLiga de Tebas y demasiado vinculada a ella. Por cierto, los tres únicos clubes de Primera que no pertenecen a la Asociación son el Barcelona, el Athletic y, desde hace unos meses, la Real Sociedad. Hay quien lo justifica por las buenas relaciones históricas de estos clubes con la Federación. Hay quien ofrece explicaciones más truculentas: en los tiempos de Villar salía a cuenta llevarse bien con la presidencia.

Con este panorama, el Atlético de Madrid se queda como el único gran club que defiende la Asociación de Clubes del Fútbol Femenino. De hecho, su presidenta, Lola Romero, es vicepresidenta de la Asociación. Y como todo el mundo sabe (o debería), el Atlético Féminas es el mejor equipo español del momento, principal candidato para revalidar el título de Liga si el Barcelona no lo evita a última hora.

Al margen de la batalla principal se libra desde octubre otra que tiene por objeto el control sindical del convenio colectivo. La Asociación de Fubolistas Españoles (AFE), brazo sindical de la Federación, quiere acaparar la negociación. Futbolistas ON y UGT son los otros actores sobre el escenario. Pero este asunto merece una tesis que no desarrollaremos aquí.

En principio se dijo que Rubiales planteaba una liga alternativa a la Liga Iberdrola y la aproximación no es correcta. No es posible la convivencia de dos competiciones. Y tampoco es correcto imaginar algún tipo de dependencia de Iberdrola con la liga que ahora lleva su nombre. El apoyo de Iberdrola al deporte femenino se canaliza por medio de 16 federaciones y en última instancia a través del Consejo Superior de Deportes y su proyecto Universo Mujer, que permite desgravar hasta el 90% de las inversiones publicitarias. Es decir, lo lógico es pensar que Iberdrola trasladará su apoyo a la liga federativa.

Hay algo más. El rol del Real Madrid en esta trama está por definir. En principio, al no disponer de sección femenina es un personaje sin papel en la obra. Sin embargo, el proyecto de Rubiales no podría soñar con una mejor activación que el compromiso del Real Madrid. Si Florentino Pérez abriera el Real Madrid a las mujeres daría satisfacción al principal anhelo del fútbol femenino en España: trasladar la competencia de la liga masculina a la femenina. Sería un golpe definitivo a la Asociación de Clubes del Fútbol Femenino y por extensión, a Tebas. También sería una manera de aliviar una mala temporada con una noticia inequívocamente buena.

Pero la batalla es larga.

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