Para muchos de nosotros, Galletti es un gol. Para los madridistas también es una puñalada. Sucedió en Montjuïc, en la final de Copa de 2004, contra el Real Zaragoza. Aquella noche, hoy hace quince años, se empezó a escribir la defunción del Real Madrid galáctico, primera versión. El equipo se derrumbó a partir de entonces y terminó la temporada en blanco. Los detalles de aquella derrota se han difuminado con el tiempo, pero todavía pervive la sensación de que el Madrid murió de arrogancia, castigado por el fútbol y sentenciado por alguien cuyo nombre no se borra, Galletti.

Cuando Javier Hernández me dio noticia del libro que había escrito en colaboración de Alfonso Reyes me interesó de inmediato. En primer lugar, porque Javier Hernández es un escritor que combina como pocos la pasión y el refinamiento, especialmente cuando escribe del Real Zaragoza. De sus textos venimos disfrutando en A LA CONTRA desde hace varios meses. El segundo motivo era Galletti. Apenas sabía de él más allá del gol que supuso el “galacticidio”; pasó por el Atlético y terminó en Grecia, poco más podía decir.

Antes de proseguir, es importante reseñar que Galletti, El Hueso hasta la médula, no es una biografía al uso, o no solo eso. Es una historia de fútbol, plagada de referencias y declaraciones, que descubren que detrás del buen escritor hay un periodista minucioso. La vida de Galletti, en esencia, no es muy diferente de la de tantos futbolistas argentinos que recalan en Europa. El destino fue con él tan caprichoso como suele y hay quien asegura que le dejó a deber. Por ejemplo, Gaby Milito, su amigo desde los quince años. “Liverpool y Juventus le quisieron, hubiera triunfado. Como también lo habría hecho si Barça o Inter lo hubiesen querido. Se habría cansado de marcar goles en cualquier equipo”.

Europa disfrutó de un gran jugador, pero se perdió otro. “Quien no lo haya visto jugar nunca como delantero pensará que fue un gran extremo. Porque lo fue. Y habiendo llegado a ser un excelente jugador de banda, yo digo que era aún mejor delantero. Como nueve, se trató de uno de los mejores con los que yo he jugado porque dominaba la posición con su velocidad, su capacidad de gol, su inteligencia parta encontrar los espacios”. La cita pertenece a Pablo Aimar y está refrendada, con diferentes palabras, por el mexicano Javier Aguirre, su entrenador en el Atlético. “Alguna vez me salvó el culo, con todas sus letras. Tuvo un rendimiento tan bueno que a menudo ganamos gracias a él”.

Así se entrelaza el relato de la vida de Galletti con las reflexiones de quienes la compartieron. Y hubo muchos ilustres en ese reparto de actores. Algunos de plena de actualidad. En su primer partido contra River se apostó con su hermano Emiliano, hincha de los millonarios, que si hacía un gol le compensaría con una camiseta. Se la cambió con Solari. En su mejor época, en el Olympiacos, coincidió con Ernesto Valverde, hoy entrenador del Barça y antes un delantero casi tan huesudo como Galletti. “Quizá nos parecíamos en algunas cosas, pero él ha sido mucho mejor futbolista que yo, más completo. Yo nunca tuve su disparo ni cubría tanto campo”.

Lo importante, visto con la perspectiva que ofrece el libro, es que el sueño se cumplió. El niño que quería ser futbolista triunfó en el campo. Vistió la camiseta de su querido Estudiantes de La Plata, fue internacional con Argentina y se convirtió en mito en equipos y lugares que no pudo imaginar. Escribe Javier Hernández. “El fogonazo de Luciano acabó con la primera galaxia de Florentino y atravesó la historia para convertir a su autor en inmortal (…). Luciano Galletti fue el héroe de la sexta Copa del Rey del Zaragoza y es el último ídolo del club; por venir, por ascender y por elevarse”. Por cierto, la afición de Olympiacos no tardará en reclamar la traducción al griego del libro.

El último capítulo es un final feliz que no pienso desentrañar. Sólo diré que la vida le puso a prueba y Galletti respondió como siempre. Salió del regate y marcó gol. 

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here