Si la vida nos ha enseñado algo es que no hay que confiar en los dirigentes del fútbol. Habrá, seguramente, algunas excepciones, pero pareciera ser que el denominador común del modus operandi de los grandes directivos del deporte más popular del mundo es la corrupción. Por más que perciben sueldos exorbitantes y beneficios casi imperiales, no logran saciarse y buscan más, siempre más, aún en desmedro de sus propios países, deportistas y aficionados.

El FIFA Gate y los Football Leaks terminaron por abrirnos los ojos. Quienes no queríamos verlo o preferíamos hablar de resultados dentro del campo ya no podíamos mirar hacia otro lado. La FIFA y el fútbol a nivel mundial estaban tan infectados como los gobiernos más cleptocráticos, y sus cabezas operaban con la misma satrapía de los dictadores más rancios del mundo. Al fin y al cabo, lo que nos revelaron las investigaciones del FBI y los documentos filtrados es que el fútbol estaba en las manos equivocadas y que su futuro pendía de un hilo si los titiriteros seguían siendo los mismos de siempre.

Como no podía ser de otra manera, el Perú no ha sido la excepción, aunque el caso peruano tiene sus matices que lo hacen todavía más dramático. La selección peruana clasificó a un Mundial después de 36 años, lo cual supuso beneficios económicos impensados para una federación (la FPF) históricamente desprestigiada. La popularidad del presidente de la FPF, Edwin Oviedo, era alta, lo cual se sostenía únicamente en los éxitos deportivos del equipo mayor, en el trabajo de Ricardo Gareca y de Juan Carlos Oblitas, director deportivo de la selección.

La historia de éxito de Perú no fue tal en Rusia, donde fue eliminado tras disputar las dos primeras jornadas, pero aún así la reputación de la FPF, de la selección y en general del fútbol peruano había crecido, en principio, para nunca más volver a decaer. Pero la felicidad duró menos que un verano, quizás tanto como un suspiro, y de un golpe volvimos a la decadente realidad a la que estábamos acostumbrados. Ni bien aterrizó la selección de vuelta de Rusia, el crédito de Oviedo y compañía empezó a agotarse. Apareció un audio en el que el presidente de la FPF se comprometía a invitar a Rusia a César Hinostroza –actualmente detenido en Aluche tras fugarse del país-, un juez supremo que, entre otras cosas, liberaba violadores de niñas a cambio de dinero, y que veía un caso de extorsión en el que estaba acusado Oviedo.

Finalmente, el Poder Judicial aplicó la medida de prisión preventiva contra el presidente de la FPF, quien actualmente se encuentra encarcelado. Su reemplazo fue Agustín Lozano, segundo en la línea de mando, y, ya con la credibilidad de la FPF por los suelos, demostró que tenía más cosas en común con Oviedo de lo que se sabía. El domingo, un programa televisivo publicó un reportaje en el que se acusaba a Lozano de revender unas 600 entradas de partidos de la selección absoluta para llenarse el bolsillo. Es lo mismo que hacía Jack Warner, el dirigente trinitense investigado y acusado por el gobierno estadounidense por lavado de activos y otros delitos, y que terminó por hundir nada menos que a Sepp Blatter.

Lozano ha negado toda acusación, mientras que el secretario general de la FPF, Juan Matute, también ha desmentido que la institución tenga un forado de 4 millones tras la participación en Rusia. Por su parte, la Asociación Deportiva de Fútbol Profesional ha señalado que la FPF está quebrada y que no tiene ni para pagar los costos de transporte. ¿Cómo es posible que una federación registre tamañas pérdidas después de recibir cuantiosos premios y contratos de auspiciadores? ¿Tienen los directivos la legitimidad para que prensa y afición les crean? ¿Será que ese dinero no se ha perdido, sino que está en los bolsillos de algunos afortunados, como el señor Lozano y el señor Oviedo?

Todo se irá respondiendo con el tiempo y, así como cayeron los peces gordos de la FIFA, empezarán a caer los pececitos peruanos. Nos dieron de probar el éxito, nos hicieron creer que por fin estaban haciendo bien las cosas y luego nos mostraron sus verdaderas caras. Ese no es el fútbol que queremos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here