Durante años, el Barcelona tuvo el monopolio de los errores históricos: los traspasos de Maradona y Ronaldo fueron decisiones tan incomprensibles y lesivas como lo ha sido la venta de Cristiano Ronaldo a la Juventus. Me dirán que el comentario es ventajista y pido disculpas por tomar ventaja. Aunque no hacía falta esta noche para tener razón. Basta con observar al Real Madrid. Todo lo que le falta es exactamente lo que se llevó Cristiano. Dicen que el club lo vendió porque quería irse. Cuentan que pidió al Real Madrid que se hiciera cargo de su deuda con Hacienda, unos veinte millones de euros. Y aseguran que el club lo consideró intolerable. Hay quien sostiene que ese conflicto fue el detonante de su marcha. Puede ser. Dudo mucho que el Barcelona hubiera sido tan estricto con Messi.

Cristiano Ronaldo reivindicó en Turín su lugar en la historia. No es mejor futbolista que Messi porque le faltan registros y porque su reinado se limita al área, pero no ha existido en un siglo un rematador más efectivo y tan constante, tan maníaco. Arrogante, infantil y vanidoso. Lo que ustedes quieran. Pero habrá que preguntarse si esos nos son los cables pelados que distinguen a los genios obsesivos. Le sobró el gesto final, desde luego. Esa vendetta grosera no era necesaria después de haber cumplido la venganza sobre campo. Pero así son los tipos que viven de vengarse y deberíamos saberlo ya: no había nada más estúpido que darle un motivo.

Cristiano Ronaldo ha logrado una gesta nunca vista: eliminar al mismo tiempo al Real Madrid y al Atlético. Si gana la Champions, brillará tanto que hará daño a los ojos. Salvo a aquellos que miran para otro lado.

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