Es el atajo perfecto y el regate más humillante/reconfortante que existe. Me refiero a eso que en España conocemos como caño, puente, sotana o porra, pero que por el mundo recibe nombres tan peculiares como “caguero”, “violín”, “pequeño puente”, “ingle perforada”, “lápiz”, “ventanita”, “bolígrafo” o “sandía”. En Inglaterra, donde inventaron el juego, lo denominan “nuez moscada”, un término que alude a los testículos, y que hace referencia, en concreto, a los testículos del jugador burlado, con inmejorable ubicación para observar el paso de la pelota. Testículo, en su origen latino, significa “testigo”, asunto que no debieron pasar por alto los creadores del neologismo.

Lo que no tiene nombre, o no es conocido por este humilde escribiente, es como se llama el caño que no tiene como objeto el regate, sino el pase a un compañero. Utilizar la misma denominación es de una insoportable pobreza lingüística, además de una incorrección flagrante. Si la burla es el componente principal del “túnel” (es un regate que siempre se hace sonriendo), quien centra entre las piernas no se mofa del contrario, sino que lo ignora. De modo que desde aquí les convoco para que bauticemos ese recurso, a ser posible, y en atención al fútbol femenino, sin hacer mención a la zona testicular.

Les cuento todo esto porque un pase de Vinicius entre las piernas de un rival condujo al Real Madrid a la victoria. Todo nació de una combinación entre el brasileño y Reguilón. Ante la imposibilidad de encontrar caminos, Vinicius optó por la única escapatoria que se le ofrecía al balón. Tan meritorio como el pase es que Reguilón le secundara la ocurrencia. Lo siguiente fue una asistencia del canterano y un gol de Benzema, otro, el octavo en los últimos diez días, el 18º en lo que va de temporada.

Hacía falta algo así para desmontar el plan del Alavés, que es un equipo muy trabajado y al que deberían consultar muchos de los rivales del Real Madrid. Abelardo entregó el balón y el campo a favor del achique de espacios. Protegida su portería, lo fio todo a un contragolpe que deberían conducir Jony o Burgui.

Durante media hora, el partido se comportó como el Alavés esperaba. El problema de los esquemas tácticos, como dijo el clásico, es que los futbolistas se mueven. Y nadie se mueve más que Vinicius. La razón es que el muchacho está más cerca de la infancia que del mundo de los adultos y es tan incansable como los niños cuando encuentran un balón, un tambor o una corneta. La insistencia es, ahora mismo, su principal mérito. Junto al descaro. Esa sensación, la habrán tenido, de que no hay obstáculo que no pueda ser saltado. Esa alegría inconsciente de los jóvenes que se sienten inmunes antes las balas.

Vinicius marcó el segundo gol (80′), lo que le viene muy bien a su sentido de la puntería, todavía por ajustar. Ese tanto frenó las ansias de un Alavés que se había rehecho y tenía motivos para soñar con el empate. Mariano cerró la cuenta con un cabezazo espléndido, muy suyo, de los que hieren al balón.

Prosigue el estado de felicidad, lo que no es mala cosa según se acerca el Cabo de Hornos. El Barça asoma en el horizonte y hasta el miércoles no sabremos cuánto de espejismo y cuánto de realidad hay en este optimismo desatado y en esta racha fantástica que acerca al Madrid a ocho puntos del liderato. O dicho de otro modo: faltan tres días para que sepamos que hay al otro lado del túnel.

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here