Hay derrotas que saben a victorias y veces que sucede justo lo contrario. Un Atleti que sabe muy bien lo que es ganar 1-0 firmó ese marcador que tiene casi tatuado, pero con sensaciones más pesimistas que cuando bordaba ese tipo de partidos. Sin intensidad, movilidad ni seguridad en lo que ejecuta, solo una jugada aislada le hizo llevarse los tres puntos ante el Rayo. En el lado de la cal, los colchoneros pensarán que los tres puntos sirven para cortar la racha de dos derrotas seguidas y colocarle de nuevo segundo; en el la de arena para pronosticar que las cosas no irán bien ante la Juventus, este mismo miércoles, si el menú ofrecido es éste.

Y eso que el choque no comenzó mal para los intereses rojiblancos. Al minuto de juego, un poderoso remate de cabeza de Saúl se paseó por la malla superior de la portería del Rayo y cinco minutos más tarde –aunque luego se viera que en fuera de juego por poco- Morata hizo intervenir por primera vez a Dimitrievski. La intensidad de los acontecimientos se detuvo después, solo interrumpida por dos tiros de Embarba y por la movilidad de RDT, el nueve que también hace de diez. Si el delantero cedido por el Real Madrid hubiese anotado alguna de las dos ocasiones que tuvo claras en la segunda mitad, habría sido el MVP sin discusión. En la primera lo fue a los puntos, siendo el jugador que más fútbol ofreció de los 22 que se habían desplegado sobre el césped de Vallecas. Bajó balones en largo, los recogió en medio del campo, habilitó la llegada de los extremos…una clase maestra de todo lo que un ariete puede hacer fuera del área cuando tu equipo es teóricamente inferior al rival. Entre unos primeros 25 minutos dominados por los de Simeone y los veinte siguientes más vallecanos, solo destacó él entre la nostalgia. La de Saúl regresando a Vallecas; la de Mario Suárez ante el equipo de su vida; la de ver a los“Campeones de la película de Fesser haciendo el saque de honor. Clubes pequeños, Rayo y Estudiantes –también los homenajearon recientemente-, que destilan barrio, pureza y esencia del deporte sin artificios. Benditos ellos.


Cambios determinantes y un VAR que no interviene


Conscientes de la tentación de la siesta por este santo horario, los dos entrenadores sacudieron sus onces: Míchel cambió sus alas (Pozo y Bebé por Trejo y Embarba) y el Cholo metió millones (Lemar y Costa por Correa y Vitolo). El técnico argentino demostró a las primeras de cambio que Morata y el de Lagarto, aplaudido por su ex afición, pueden jugar juntos. Con Griezmann tirado a banda, los visitantes ganaron carácter y ambición, eso tan en el ADN del cholismo que conocemos (o conocíamos) y que parece languidecer. Aquello, sin embargo, no se traducía en ocasiones hasta que un barullo le cayó a Griezmann, que remató flojo pero en dirección a Amat, cuyo rebote despistó al cancerbero local. Gol del Atleti que el VAR no mandó revisar y que vuelve a crear la duda, al menos ante el aficionado: Morata, que habilita al francés, venía de fuera de juego. La explicación arbitral –y suponemos que la del VAR, ya que en LaLiga no tenemos Twitter pedagógico- es que Ba despeja mal y la jugada empieza ahí, no en el anterior centro lateral. A esta jugada se une un posible penalti a De Tomás dos minutos antes –en opinión del propio delantero no lo es- pero que pasarán al centro del debate de lances a analizar –y a echarse unas jugadas polémicas de unos contra otros-. En esta ocasión, a diferencia de los últimos partidos, la balanza se ha decantado a favor de los colchoneros.

RDT seguía incordiando, Bebé lo intentaría desde la frontal y Ba con un remate similar al de Morata en el primer tiempo, que Oblak detuvo tranquilo. Los rojiblancos rondaron el área, sin ocasiones especialmente claras para haber aumentado el electrónico, que finalmente no se movió. El Rayo, por tanto, sigue en descenso y el Atleti sin convencer en los albores del plato fuerte de la temporada. El regusto ahora mismo no es el mejor pero…siempre quedará Griezmann.

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