Estamos en un país en el que todavía impera un machismo endémico e histórico que copa instituciones y hasta la vida cotidiana de cualquiera. Un país en el que aún en muchos sitios se sirve la cerveza al caballero y la cola sin azúcar a ella cuando una pareja se sienta en cualquier terraza de bar. A este país en donde por desgracia los sueldos de hombres y mujeres siguen sin equipararse y se consideran minoritarios la mayoría de los deportes femeninos, a este país, digo, Bilbao le dio una lección sin precedentes.

Se disputaban los cuartos de final de la Copa de la Reina entre dos de los mejores equipos de nuestro país: Athletic Club y Atlético de Madrid. Las colchoneras salieron victoriosas pero el resultado (0-2), la ronda y la competición es lo de menos. El número de espectadores es lo importante: 48.121.

Fueron más de 50.000 personas —en las afueras de San Mamés se quedaron varios miles sin poder acceder debido al aforo completo— las que gritaron fuerte en contra de la desigualdad de género y los que aun piensan que el fútbol femenino no interesa al gran público. Porque no nos engañemos, los cánticos de aliento hacia uno y otro equipo escondían esa noche un mensaje mucho más importante. Un mensaje dirigido a todas aquellas personas que menosprecian el deporte femenino y también a instituciones que, bien por temor a la falta de rentabilidad, bien por puro machismo, siguen sin apoyar al fútbol femenino para que tome el impulso definitivo.

Esas 48.121 gargantas animaron a sus equipos pero también, quizás sin saberlo, sus cánticos representaban el agradecimiento a todas aquellas empresas, clubes y organismos que sí le han perdido el miedo a apostar por ellas. Este récord sin precedentes en nuestro país ha sentado las bases de una revolución que además no es silenciosa. Los cánticos en la grada de San Mamés resuenan ya en las conciencias de muchos que desde el miércoles verán el fútbol femenino de otra manera. Eskerrik asko Bilbao.

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