Se habla de la suerte del campeón, pero es mentira. Es la inercia del campeón. La confianza, la determinación, la convicción de que nada malo puede ocurrir. También es la fortuna, claro. Que las monedas al aire caigan de tu lado. Y que los árbitros se convenzan, tampoco niego este punto. Eso sí: no advierto conspiración en el gol anulado al Ajax, pero al tiempo que lo escribo busco un árbol alto al que poder subirme en espera del tsumani. No creo que un árbitro sometido en vivo y en directo a la vigilancia de un centenar de cámaras decida favorecer al campeón por el hecho de serlo. O por una afinidad infantil. O porque le reportará ventajas para el futuro. El árbitro vio obstrucción al portero y ahora podemos discutir el grado o la intensidad, basados en la ensoñación de que el gol habría cambiado el partido y el resultado final. ¿De verdad cree alguien que lo hubiera cambiado?

Igual que se sobrepuso a una hora pésima, es razonable pensar, y existen suficientes antecedentes, que el Real Madrid se habría rehecho tras el gol porque la inercia del partido siempre fue esa, recuperar el terreno perdido de un modo aparentemente natural. Le ocurre a los equipos que pierden el miedo. No gastan energías en pensamientos negativos. Las emplean para medir el riesgo el milímetro y para escapar a tiempo de las guillotinas que se precipitan.

Si entramos en merecimientos y estrategias, la medalla es para los chicos rubios. Pero esa no era la batalla. Lo que se repartía no eran diplomas de puntualidad e higiene. Ni siquiera de actitud. Todo eso lo ganó el Ajax y lo entregaría gustoso a cambio de una victoria favorecida por la ley de la gravedad. Estoy convencido que no encontrarán consuelo en su impecable planteamiento. Su presión no buscaba la asfixia del enemigo, sino únicamente el robo del balón. En bastantes ocasiones se equivocan los conceptos y se olvida que el pressing no es un fin en sí mismo, sino un medio para recuperar la pelota en campo enemigo. El Ajax se aplicó a esa tarea con una ferocidad inesperada y con una concentración maníaca. Solo los niños pueden ser así de obsesivos y en ese equipo juegan media docena. El sentido de la anticipación también es una virtud de los que se han afeitado poco. Hay que ser ansioso e imaginativo para adelantarse en cada jugada a las intenciones del enemigo, para robar cien balones y buscar los doscientos.

Por cierto, ya no existe más variación táctica que las diferentes formas, alturas e intensidades de ejercer de la presión. Olviden los triángulos, los cuadrados mágicos y los códigos telefónicos.

El Madrid braceó penosamente mucho tiempo. Aunque juraría que nunca se sintió en verdadero peligro. Sorprendido, tal vez, pero nunca amenazado. Benzema marcó tras un contragolpe de Vinicius en el que el chico atrajo hacia así la atención del estadio y de la ciudad entera, Barrio Rojo incluido. Cuando empató el Ajax hubo quien pensó que el fútbol hacía justicia. Eso es conocer poco al fútbol. Y menos aún al Real Madrid.

Asensió marcó el gol que debería sentenciar la eliminatoria porque los niños caníbales morderán menos lejos de casa y porque el Real Madrid desea este torneo y el torneo le corresponde. Tal vez sea el momento de dejarles vivir su idilio e inventar otra competición.

 

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