Netflix parece haber cogido carrerilla a una velocidad endiablada y también una gran ventaja respecto a sus principales competidores. No hay pausa para los seireadictos, mucho menos para los fieles seguidores de esta plataforma. No solo aumenta cada vez más su cantidad de producción, también la calidad. Lo hace casi en la misma proporción que el número de sus suscriptores: 60 millones en todo el mundo. Sex Education, estrenada el 11 de enero, es el último caso.

Con el ritmo que tiene Netflix de lanzamientos originales cada semana, debería de plantearse trabajar más incluso con la actualidad. Empezó a hacerlo hace años con la política en House of Cards y lo volvió a hacer, más recientemente, a finales de 2018 con la película de Black Mirror Badersnatch, explorando una nueva técnica narrativa, y con You, una serie sobre el acoso en la era de las redes sociales. Esta vez, repite fórmula con Sex Education, una producción que, como su propio nombre indica, gira entorno al sexo en la edad adolescente. Quizá sea la clave del éxito en un momento de consumo masivo y fugaz.

En medio de toda esta vorágine de ficción, merece la pena detenerse en Sex Education. Explora las relaciones de los estudiantes y cómo sus problemas —interesantes— son resueltos por uno de sus compañeros, el inseguro y virginal Otis Milburn, quien ha crecido atormentado y avergonzado por el trabajo de sus padres: terapeutas sexuales; especialmente por la consulta que tiene en casa su madre, Jean Milburn (Gillian Anderson).

De nuevo, Netflix vuelve a dirigirse, teóricamente, al mismo público objetivo de otras producciones como The End Of The F***ing World o la reciente Élite, pero Sex Education no es la típica serie de instituto adolescente como, por ejemplo, lo es la española. Sí, también están locos por el sexo —unos más que otros—, pero partiendo del cliché, rompe con muchos tabúes. Aunque ya nos los sepamos de memoria, aquí todos los perfiles merecen interés: el chico negro y gay —el mejor amigo de Otis, hilarante—, la chica con mala fama, el abusón, los populares del instituto, la friki, el rígido e inflexible director de la escuela, etc. Efectivamente, a todos ellos ya los hemos visto antes, pero, en esta ocasión, cobran una nueva vida. Sex Education le da una vuelta de tuerca y no son simples envoltorios vacíos, sin apenas nada que decir, como, por otra parte, sí sucede en la ya mencionada Élite.

Desde que terminara Love —también disponible en Netflix—, nadie había sido capaz de ocupar el vacío que había dejado el personaje de Mickey (Gillian Jacobs) hasta la aparición de Meave Wiley, su semejante adolescente. El parecido —esta vez, físico— de la debutante actriz Emma Mackay con Margot Robbie también es mayúsculo, o, como mínimo, considerable. Aparte del papel de Otis, interpretado por Asa Butterfield (El niño con el pijama de rayas o La invención de Hugo), el suyo adquiere especial relevancia e interés; una mujer subestimada con antecedentes familiares problemáticos que justifican su actitud desvergonzada. Meave es quien anima al protagonista, tras descubrir sus conocimientos —únicamente teóricos—, a iniciar una especie de consulta ambulante sobre sexo. Ambos se reparten los beneficios. Por el consultorio de Sex Education pasan temas de todo tipo: más genéricos, como las expectativas, los miedos, las dudas, la autoestima o la culpabilidad; y más específicos, como la primera vez, la disfunción eréctil o el saber masturbar y masturbarse. Además, la serie trata por sí misma otros asuntos como el aborto, la homofobia o el acoso. Cuestiones de fondo prácticamente inéditas, tratadas desde la seriedad, de forma sensible con cuidado y humor.

No juzgarla sin haberla visto es lo mínimo que se le puede pedir a una serie que aglutina dos géneros que siempre —a veces, merecidamente— son duramente estereotipados y castigados: la adolescencia y el sexo. Sex Education es realmente progresista y didáctica, a la par que entretenida y divertida. Unos factores que la convierten en adictiva. Útil y recomendable para jóvenes, pero también para padres. Netflix lo ha vuelto a hacer.

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