El Real Madrid corrigió al destino cada vez que le llevó la contraria, y lo hizo un par de veces en el partido contra el Girona. La primera cuando los visitantes se adelantaron a los seis minutos. La segunda cuando Granell empató sin que lo mereciera su equipo. Doblegar al destino es tan relevante como el marcador (4-2) que aproxima a las semifinales de la Copa. Demuestra confianza y sobre ella se puede construir una casa o un rascacielos.

Ten cuidado con lo que sueñas porque se puede cumplir. La frase luciría bien en cualquier muro encalado y tampoco quedaría mal en la pared de un vestuario. Es posible que el Girona soñara con un gol pronto; lo marcó y se le indigestó. Al verse por delante descartó la valentía y en el Bernabéu se castiga más la cobardía que la temeridad. El Madrid fue absoluto dominador con el marcador en contra y el empate no hizo más que cumplir la teoría de los cántaros que van a la fuente. Una de las muchas incursiones de Odriozola por la derecha terminó en remate de Lucas al interior de la red.

El segundo tanto llegó de la misma inercia. Vinicius, activo como solo pueden serlo los adolescentes, se paseó por el área y Lozano disparó contra el equilibrista. Además de penalti fue una torpeza mayúscula y una zancadilla grosera. Es bien sabido que los delanteros son extranjeros cuando pisan el área propia.

Que el Real Madrid remontara el marcador con semejante facilidad se entendió como el preludio de una goleada. Sin embargo, el fútbol tiene por costumbre llevarnos la contraria. El Girona recuperó el paso perdido y Marcos Llorente le tendió una mano. Nunca sabremos por qué el canterano trató de despejar la pelota con el puño, pero lo hizo, y dentro del área. Granell convirtió la pena e igualó un partido que llevaba muchos minutos sin estar igualado.

Los de blanco no se dieron por aludidos. Sergio Ramos volvió a adelantar a su equipo, esta vez de cabeza. Y Benzema firmó el cuarto en pleno desmelene. En este caso era el premio a un partido completísimo. En cuanto el pueblo ha aceptado que Benzema no es un nueve, sino un diez, el amor ha florecido. Cualquier acción del francés se celebra con gran entusiasmo, no importa si da un pase o se atusa la barba.

Es extraño esto de la confianza. En ocasiones se necesitan meses para recuperarla. Otras veces se encuentra sin esperarlo en el bolsillo del pantalón. Justo ahí la tenía el Real Madrid. 

 

 

 

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