No siempre se ve igual de cristalino los vasos comunicantes que son los equipos en cualquier choque, ese punto de inflexión donde todo cambia. Pero en esta ocasión España y Macedonia lo pusieron muy fácil. El paso por vestuarios trajo la transformación absoluta del partido, que pasó de estar muy igualado en el minuto 30 (13-12 para los campeones de Europa) a totalmente decidido en el 36 (20-13).

Los Hispanos saltaron a la pista vestidos otra vez de negro, la camiseta que llevaron en su mejor día hasta hoy. Enfrente había una selección conocida en lo relativo a sus principales virtudes: planteamiento arriesgado (siempre atacan en superioridad porque retiran portero) y su Aaron Palmarsson es el familiar Kiril Lazarov –ex Ciudad Real, Atlético de Madrid y Barcelona–. Otro exculé, Ristovski, era el esperable guardameta que intentase detener las acometidas de los Hispanos. Sin embargo, su entrenador, el español Raúl González, apostó por Mitrevski, quizás como una forma de dar aire al veterano portero antes del definitivo partido ante Islandia. Lo que parecía ser una ventaja para la Selección, fue justo lo contrario. El cancerbero del Benfica empezó abortando los intentos de los hombres dirigidos por Jordi Ribera, que tiraban fuerte y a trallón, pero al bulto. El menudo portero se hizo grande, cuajando un espectacular 7/9 en los primeros diez minutos. La consecuencia de eso era que España iba a remolque (3-5).

Con el paso de la parte, se dio que Gonzalo Pérez de Vargas comenzó a parar todo lo que estaba deteniendo Mitrevski, pero la pared de Macedonia se trasladó a las maderas del arco. Hasta seis lanzamientos estrellaron los Hispanos antes de irse al descanso contra los palos de la portería rival. Tampoco la portería de los campeones de Europa se quedó atrás, con tres. Así, la situación transcurrió en el equilibrio hasta el último segundo del primer tiempo. Dani Sarmiento, que era duda, anotó una colgada que dejaba el marcador en 13-12 para los intereses patrios.


Parcial de 7-1 y partido cerrado


Un refresco, la parada para el asueto, puede generar continuidad, electricidad o parálisis. Y en el caso de los espectadores provocar, si uno se despista y llega con el encuentro empezado, que se lo encuentre decidido. España anotó dos goles en 40 segundos, que luego fueron tres más en los 120 segundos siguientes. El 18-12 en el 34 se transformó en el 20-13 dos minutos más tarde. Y ahí, con ese 7-1 de parcial, se acabó todo. Macedonia se había desconectado y Mitrevski solo veía las bolas mientras corría desesperado hacia portería desde el banquillo. España defendía bien y podía salir a la contra, lo que estaba en la pizarra que mejor funciona y que señalaban nuestros expertos. Incluso Pérez de Vargas, después de pararlo todo, tenía tiempo para lanzar granadas precisas para anotar sin sudar. Que los dos cancerberos españoles se hayan lucido en un encuentro cada uno y hayan cogido confianza para lo que viene no es una cuestión menor.

Los instantes finales sirvieron para ampliar la ventaja y llenarnos los pulmones y la cabeza de sensaciones positivas. Lazarov y Stoilov, los mejores macedonios de campo, ya descansaban junto a Ristovski pensando en la jornada definitiva. Aleix Gómez (6) cogió el relevo goleador de su compañero de extremo Ferrán Solé y Raúl Entrerríos acompañaba con la batuta de directo desde cerca (5 goles).

España, mientras volaba, combinaba y disfrutaba sobre la pista, podía poner el ojo en Croacia, que espera este jueves con mucho en juego. Si todo va como en esta segunda parte, la cosa irá bien. En el aperitivo se ha cumplido y mañana empieza lo apetitoso.

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