Tras las derrotas ante Croacia y Francia, no podía (debía) haber una tercera. El Mundial, como señalaba el mítico Luis Miguel López, no termina con la lucha de las medallas y la consecuencia de la inesperada victoria de Brasil sobre Croacia es que, si bien genera un pequeño rescoldo de esperanza por los metales, aprieta las plazas de acceso al preolímpico. Y después de la ausencia en Río, no ir a Japón supondría una tragedia. Por  eso ganar a la verdeamarela eran tan importante. Se hizo de una manera contundente, recuperando sensaciones y cuajando el mejor choque de los Hispanos en lo que va de campeonato.

Los extremos de la Selección capitalizaron el arranque del encuentro. Ángel Fernández y Solé, el mejor Hispano del torneo, hicieron los cinco primeros tantos españoles, a los que se añadió Sarmiento poco antes de lesionarse. El central canario no regresó a la pista y habrá que estar atentos a su evolución. Los de Ribera empezaron a abrir brecha en el marcador (8-3, 10-4, 12-6) y más jugadores se sumaron a la fiesta: Gonzalo Pérez de Vargas paraba y paraba, Cañellas volvía a ser un cañonero desde la distancia y el pivote (Julen Aguinagalde, en este caso) hacía daño de verdad en la defensa rival. Al descanso el electrónico se hubiera ido con la máxima ventaja para España hasta el momento (+7) si no llega a ser por un trallazo de Langaro con el tiempo prácticamente cumplido. Con el 19-13, no obstante, todo iba bien.


Agrandando la herida


La segunda parte trajo más de lo mismo: Gonzalo seguía atajando, Cañellas castigando y el relevo en los extremos lo cogió Aitor Ariño, que se puso en los mismos seis goles que llevaba Solé. Los hombres de Washington Silva probaban diferentes estrategias de contención y ninguna les funcionaba. Quizás les pesaban las piernas del durísimo enfrentamiento de este domingo ante Croacia. Con las noticias justas de Nantes, Toledo o Borges, Lanzaro se enchufó a partir del minuto 40 y solo Bombom Almeida, en portería, estaba a su altura. No era suficiente ante una España fresca, versátil, con confianza y a la que ahora le salía todo.

El marcador osciló entre los 7 y los 9 de ventaja hasta los últimos cinco minutos, cuando se estiró a los diez. Brasil ya no anotaría más de los 24 goles con los que llegó al minuto 55. Los doce goles finales de diferencia (36-24) dieron buena cuenta de la diferencia de las dos selecciones durante el encuentro. Que las buenas sensaciones estén de tu lado y no la impotencia era un gustazo. Ahora solo queda soñar con lo casi imposible y, en el peor de los casos, refrendar el objetivo y la imagen. Los Hispanos no abandonan hasta que todo está perdido. Y aún queda una luz.

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