Es obvio que el Barcelona no alineó a Chumi para sacar ventaja (lo mismo podría decirse de Cheryshev), de manera que aferrarse a un error administrativo para obtener la clasificación es una posibilidad amparada por la legalidad, pero alejada de la ética, eso que llamamos fair play. Así lo han hecho notar el Barça y su entorno en las últimas horas.

El problema es que cuando el Real Madrid fue víctima de aquella eliminación administrativa, la respuesta que llegó desde la otra orilla fue una inmensa risotada. Lógica, muy probablemente. Pero diría que vinculante. Reírse implicaba, llegado el caso, aceptar las risas ajenas. Así funciona el juego. Debieron asumirlo los que cantaron “¡Cheryshev, te quiero!” cuando el chico visitó el Camp Nou con la camiseta del Valencia. La burla es un boomerang.

El problema, sospecho, es que los fanáticos se han apoderado del escenario y del discurso. Junto a los medios que los atienden. La risotada es suya. Y el ánimo de venganza. Y la rabia. A ellos se les ocurrió que es intolerable que el enemigo celebre un título en tu estadio. O hacerle el pasillo aunque así lo indique el protocolo de la mínima educación. En este y en otros casos siempre se argumenta que el otro disparó primero. Lo grave es que el argumento de los exaltados ha sido institucionalizado. Por cierto, los fanáticos tienen una memoria prodigiosa. Y selectiva.

De eso estamos hablando de aquí. No de fútbol, sino de una rivalidad que ya no es deportiva, de la fiebre que nos han contagiado; el enfermo ya no es el que arde, es el que permanece frío. De no existir la inquina, el reglamento habría sido corregido y las equivocaciones administrativas de este tipo serían castigadas con sanciones administrativas de proporción similar. Sin ella, ni el Cádiz ni el Levante habrían denunciado, y hasta les hubiera ruborizado tal posibilidad. Pero la presión es demasiado grande. Si no denuncias eres tonto, eso te dirán los exaltados. Igual de tonto serás si no pataleas, sino gritas que te han robado, si no te rasgas la camisa. Dicho de otra manera: si actúas bien, eres tonto, ingenuo, blando. O algo peor: un intruso.

No es nada nuevo. Es la irritación de las redes sociales, la misma cepa. Es el ruido y el ataque preventivo, también el dinero que hay detrás. La polémica vende. Esta tarde, los medios habrán mejorado su tráfico en un día de bajas audiencias. Cómo no incendiar la basura.

Eso sí, cuando un equipo no eche el balón fuera porque un jugador rival está lesionado, nos llevaremos las manos a la cabeza. Qué total ausencia de fair play, que vergüenza. 

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