La vida no es nuestro Instagram, y ahí está Peter Parker para recordarlo. La última película sobre el arácnido personaje, Spiderman, un nuevo universo, lo aborda desde diversas perspectivas/dimensiones, y sin duda, la más hipnotizante de todas es la que refleja a un Peter Parker sumamente fracasado, como cualquiera de nosotros. 

Y es que no nos engañemos. Solo unos pocos consiguen triunfar y llegar a lo más alto, aunque la publicidad, el cine palomitero y los libros de Jorge Bucay nos intenten decir lo contrario. Por ello, como la mayoría no llegaremos ni a un atisbo de lo que imaginábamos que íbamos a ser, es de agradecer que personajes como Spiderman se solidaricen con la figura del humano medio. En la nueva película del superhéroe, un portal interdimensional abierto por el villanísimo Kingpin provoca que lleguen a la Tierra Spidermans de otras dimensiones. Entre ellos, llega el susodicho Peter Parker fracasado, un hombre que ha superado ampliamente la treintena, de barriga cervecera, divorciado de Mary Jane que habita malamente (como diría Rosalía) en un cuartucho con la única compañía de un colchón andrajoso y de Nettflix.

Este Parker, además de un perdedor, es realista. No se anda con frases grandilocuentes ni repite constantemente que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad». Eso no quita para que tenga los mismos ideales que el Spidey más empalagoso y que hacer el bien sea su bandera. Es Spiderman, más real que nunca. No es la única caricatura reseñable del personaje. También hay que hacer mención especial al Spiderman Noir. Imagínense a Humphrey Bogart con la máscara de superhéroe. Así es esta versión de Parker, una parodia excelente de los héroes clásicos del cine negro. «Lo siento chicos, no puedo mostrar mis sentimientos».

Conforman el elenco un Spiderman puerco que parece salido de los Looney Tunes, una Parker versión niño Anime y Gwen Stacy a lo superheroína. Por último, el protagonista, Miles Morales, un latinoaméricano mordido por una araña radioactiva que… bueno, el resto se lo pueden imaginar. Esta película consigue erigirse como una de las más originales del género de superhéroes, algo que combina con un despliegue audiovisual de primer nivel. Cómic, stop motion, videojuego… a veces las imágenes se confunden, como las dimensiones, y uno no termina de estar seguro de qué está contemplando.

En definitiva, un soplo de aire fresco a un género que corre el riesgo de anquilosarse, un experimento afortunado y una forma de transmitirnos que, fracasados y todo, podemos ser héroes en nuestro día a día. Auguro una larga vida a Miles Morales y al resto de Spideys acompañantes.

 

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