La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) actuó por primera vez en Madrid hace seis años. Lo hicieron, según su cantante David Ruiz, ante 20 personas. La noche que abría el mes de diciembre de 2018 la película había cambiado en un número en torno a las 11.980 personas hacia arriba. En medio de esas dos fechas han grabado tres discos (más otro en directo), dos EP (el último en 2018) y se han hecho con el corazón de muchas personas, que corean sus canciones como si fuesen himnos, movidos por el torbellino de sentimientos que generan una música y unas letras recargadoras de almas.

“Esto es lo más bonito que nos ha pasado en la vida. Es un sueño y vamos a dejarnos la piel y el corazón” fue la frase, entre agradecimiento y declaración de intenciones, que pronunciaron para empezar. Lo hicieron en realidad tras la tercera canción, La inmensidad, que vino después de Mil demonios -con la que abrieron- y antes de Altamira o El Camino, las dos de su último trabajo 7:47 (ni un minuto más).

“Quiero quedarme a vivir en ese instante, en el que la montaña rusa llega arriba, no antes, ni después” apunta el tema Miles Davis, que da muestra de alguna de las influencias de las que bebe el grupo. Tienen otro tema llamado Los hijos de Johnny Cash, que también tocaron. Más que una montaña rusa, La M.O.D.A. es un tiovivo que muestra más que dice, que nos anima a ser felices a pesar de todo.

¿Qué es todo? La precariedad, los problemas, el futuro incierto, las dudas existenciales, la inmensidad de la que hablaron antes. En el tiovivo, los caballos oscilan creando melancolía en el aire.

“Los jóvenes sienten que están donde tienen que estar” es uno de los versos de Vals de muchos. Qué suerte era ser público, ser humano y estar vivo.

“Dile al capitán que renuncio a ser su guía/Yo sí quiero tener una musa que me escriba”, de PRMVR. “Brindemos por la tempestad, quién sabe qué vendrá detrás”, de Catedrales. El Wizink Center es un barco y, si existe algo más ahí fuera, no queremos saberlo. Quizá seamos el Titanic porque en la atmósfera flotan añoranza, calor y comunión.

“Los años buenos ya se fueron y no sé… Si es la última vez” cantan en Vasos vacíos. David se responde a sí mismo en directo: “Ni de coña”.

“¿Quién nos va a salvar?”, continúa el autointerrogatorio. El poli bueno le dice al público que ellos. Y en ese instante solo existen tus pensamientos y la música. Refuerza ese mensaje dos frases de la canción Océano, del disco Salvavida de las balas perdidas: “La vida no es lo que veías en películas” y “Hay algo más fuerte que la muerte”.

La hora y media de concierto va enfilando hacia su parte final. “Sentir que lo que hacemos significa algo para vosotros” comenta el cantante de la banda burgalesa, que se expresa mucho más entre acordes que en circunloquios. Son casi 30 canciones las que han compuesto el repertorio del concierto pero la sensación no es esa, sino que el tiempo se ha parado o ha ido especialmente deprisa.

La música de La M.O.D.A. también fabrica abrazos fraternos y de amor, que las manos se junten, que la soledad se comparta y que el desconocido de al lado sea, por un rato, tu hermano. El amor sin alcohol, al que aluden en Vasos vacíos como la mejor de las drogas.

David Ruiz se baja a cantar con el público Hay un fuego, que empieza sonando a capella. Ruiz, con una camiseta blanca interior y su voz rasgada de canalla embaucador adorable, encabeza la manifestación de “Los nadies” de los que habla Galeano. Enfrente, como telón de fondo en el escenario, hay un bloque de pisos al uso de un barrio cualquiera. No hay banderas.

“No estás solo en este mundo”, susurra el cantante dentro de esta función “de esta obra de teatro a la que llamamos existencia”. Quiénes somos; de dónde venimos; a dónde vamos. Por lo pronto a los bises, de los que destacan Campo amarillo y el recuerdo a Antonio Machado más Nómadas y Héroes del sábado, que responden a los orígenes, a las idas y venidas, físicas y metafóricas, necesarias para encontrar nuestro sitio. Pese a todo, La Maravillosa Orquesta del Alcohol tiene la sensación de que no hemos perdido nuestro tren y que la distancia nos acerca. Y con eso nos quedamos.

“Aspiramos a marcar a la gente con los conciertos, que es donde se ve una banda de verdad y donde pasa ese algo mágico” fue el titular que elegimos de la entrevista que nos concedieron. Esta macroexperiencia tiene cosas mágicas y cosas oníricas, que las palabras sirven para contextualizar pero no para regurgitar nuestras entrañas. Somos más por lo que callamos que por lo que decimos. La M.O.D.A. dispara con sus letras y se expande con su sonido. La marca, que es lo que ellos buscan, se queda, aunque no puedas explicarla bien. Nos recrearemos en nuestras emociones y sensaciones.

No recuerdo mi sueño y/o lo que he vivido. Vaya comienzo de diciembre en el Wizink.

1 Comentario

  1. […] En la pasada gala de los Premios Ruido, Nina dijo que “en España hay cosas que se hacen muy bien. El que no lo vea no tiene ni puta idea o no le interesa. Todo lo que se está viendo hoy aquí es puro talento”. Para sus compañeros, el panorama en los últimos años está cambiando: “Los grupos independientes ya no son tan underground”, comentan, y ponen como ejemplos a Vetusta Morla, Izal o Love of Lesbian. “Están Ferrari y Mercedes y el resto estamos ahí apretando, cerquita, sin tanto presupuesto como ellos, pero con buenos ingenieros”, comparan desde Morgan, situando en ese escalafón de grupos emergentes a Rufus T. Firefly y La M.O.D.A. […]

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