Entre las muchas diferencias entre un equipo grande y uno pequeño existe una fundamental: el gol. El grande marca sin querer y el pequeño no marca ni queriendo. Es posible que el humilde iguale todas las facetas del juego, incluso que sea superior en algunas. Hasta en esos casos de máxima inspiración, lo más probable es que fracase en el último remate. Por poco muchas veces, aunque tampoco faltarán los chutazos al bosque cercano. Los modestos lo son, lo somos, porque carecemos del instinto para convertir, goles o bonos del Estado, ideas en dinero y amores en noches de hotel.

Y el Huesca, en este sentido y en otros muchos, es un equipo de una humildad conmovedora. Tiene aprendido de memoria el manual de supervivencia y hace lo humanamente posible para mantenerse a flote. Irreprochable en este aspecto. Pero no tiene gol. Ni sucedáneo. Desastroso en esta faceta.

Contra el Real Madrid el Huesca se desnudó y nos lo enseñó todo. Las cicatrices, el valor (enorme) y el trauma. Plantó cara, tuvo convicción y llegó varias veces al área en posición de ventaja, más de las que podría imaginar un colista. En todas se perdió. Chimy tuvo una oportunidad clara, pero disparó contra Courtois, no a sus alrededores. Melero no dirigió un cabezazo a bocajarro y con la portería abierta de par en par, una ocasión que le quitará el sueño esta noche y las siguientes. Hernández también pudo salir como héroe, pero no hay inercia más poderosa que la de los agujeros negros.

El Madrid, sin embargo, marcó a la primera. Fácil. O como si lo fuera. Se internó Odriozola y Bale enganchó el balón con la izquierda. Hablamos poco de la zurda de Bale y esa extremidad debería estar a salvo de cualquier crítica. Bale es inconstante y a ratos exasperante, su psique es insondable y su melancolía parece lisboeta. Sin embargo, su pierna izquierda es la Victoria de Samotracia, también sin cabeza. También hablamos poco de la bendita insistencia de Odriozola y de la confirmación de Llorente.

Nunca sabremos si el Real Madrid economizó esfuerzos e intereses o lo poco que entregó es cuanto tenía. Cuando digo nunca les emplazó al próximo partido o al siguiente; en el fútbol la eternidad es mañana. El caso es que cuando el Madrid pisó el acelerador se elevó por encima del Huesca y pareció capaz de vapulearlo. El problema es que cuando el Huesca incrementó su velocidad dio una sensación bastante similar. Pero sin gol, la coletilla recurrente y la condena perpetua. Así es la vida con o sin balón. Si escribes en el aire no optas a ningún premio literario, el mundo está lleno de campeones mundiales de los intangibles. Convertir es la clave. Convertir el mérito en materia y el verso en muesca. Solari lo entenderá bien, que fue poeta.

 

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