Se ha terminado oficialmente la semana de los cojones. Y no es sólo una expresión sin más. En su primera rueda de prensa como entrenador del Real Madrid, Santiago Hernán Solari recurrió a las gónadas cuando se le preguntó sobre cuál es su filosofía futbolística: «La idea es ir a Melilla y jugar con dos cojones». Ea. La frase, claro está, se convirtió casi instantáneamente en un lema, una declaración de principios en su carta de presentación. ¡Qué lástima!

Fino articulista, educado y leído, Solari apeló a los cojones, no vaya a ser que se confunda tener cultura con una debilidad de carácter. Frente al Valladolid su equipo ganó gracias a la suerte, no por el tamaño de los huevos de sus futbolistas ni la cantidad de testosterona que segreguen. Me esperaba más de alguien como Solari que la llamada tribal al «unga, unga» para demostrar que estaba capacitado para el cargo. Y no, no es una anécdota sin más. Dijo exactamente lo que quería decir para ganarse a la tropa más visceral. Y alguien como él sabe que el lenguaje crea pensamiento. Y que tener cojones no es sinónimo de competitividad, ni de valentía, ni de ser resistente a la frustración.

Sí. Es una expresión. Pero una que denota que se siguen asociando valores necesarios para triunfar con tener atributos masculinos. Y eso es una cagada, lo que también es un coloquialismo, pero mientras que todas las personas defecamos, sólo los hombres tienen cojones. Empezar por cambiar el lenguaje es un paso imprescindible para que la igualdad entre hombres y mujeres sea real. Porque el machismo es una cuestión de educación.

No tengo ni idea de cómo se comporta Solari en su vida privada, pero sí sé que comenzar por los cojones me chirría. Igual que bufé cuando escuché a Simeone antes del derbi decir: «Estos son partidos para hombres, de emociones y de gente con mucha personalidad». Otra vez la asociación de ideas. La masculinidad como baluarte y santo y seña para disputar un partido con coraje, privando y degradando así a las deportistas, por definición, por su ausencia de atributos masculinos, a ser igual de competitivas que sus colegas.

El fútbol es un deporte de técnica y táctica, de momentos y de estados de ánimo. De físico y cabeza. Y también, en muchas ocasiones, de suerte. Que la pelota se estrelle en el palo y rebote dentro o fuera. Y los cojones no tienen nada que ver con todo esto. Que entrenadores con un megáfono gigante apelen a la testiculina es, debería ser, motivo más que suficiente para enmendarles la plana. No de tiquismiquis. Que se lo pregunten a Ainara Acevedo, Matilde Esteves e Ylenia Sánchez, el primer trío arbitral de mujeres de un partido en España que el pasado jueves, en el San Cristóbal-Llagostera de la jornada 13 de la Tercera División tuvieron que escuchar desde la grada: «¿Quién se la cepilla del equipo? ¿Os la cepilláis todos?» Además de los ya clásicos: «Mujer tenías que ser» o «Vete a fregar».

Un poco de sentido de la responsabilidad no les iría mal, señores de los cojones.

3 Comentarios

    • Un articulazo que te cagas (por seguir con el coliloquialismo neutro de género de Gemma) que evidencia lo lejanísimo que nos encontramos de usar un lenguaje no sexista que es el primer paso para acercarnos a la igualdad real y que lamentablemente se refrenda con el comentario no comentario de Paulino

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