La Selección española perdió contra Croacia (3-2) y su única opción de estar en la Final a Cuatro de la Liga de las Naciones pasa por que Inglaterra y Croacia empaten en Wembley el próximo domingo (15:00). Así de crudo. La buena noticia es que no estamos del todo muertos, sino colgados de un hilo, buenas vistas, pero inestabilidad máxima.

El partido se explica fácil. De a un tiempo esta parte, cualquier planteamiento táctico está basado en la presión. Las diferencias estriban en la altura, en la intensidad y en la duración del esfuerzo. Un equipo debe estar adiestrado para ejercerla y para salvarla. Ese fue el doble ejercicio que repitieron Croacia y España casi en cada acción de ataque/defensa, de un modo que resultó más agónico que reflexivo. A partir de ese sobresalto se construyó un partido que solo fue español cuando la Selección se apoderó de la pelota y consiguió dibujar ese mandala que es nuestro fútbol desde hace bastantes años ya. Ocurrió al final de la primera parte y nos pareció que lo peor había quedado atrás. Mal ojo tuvimos.

En la segunda mitad proseguimos la doma. Los croatas, salvajes a la carrera, eran menos feroces cuando corrían detrás de nuestras ideas. Lástima que el fútbol no sea siempre un juego de méritos. Croacia se adelantó cuando más argumentos había para pensar en lo contrario. Sergi Roberto y Sergio Ramos no supieron burlar la presión y acabamos todos burlados; Kramaric adelantó al anfitrión.

Por fortuna no transcurrió mucho tiempo. Antes de que el golpe nos calara en los huesos, Ceballos remató una jugada excelente, por cuanto añadía orden a un partido caótico. Si alguien habló de justicia cometió un error grave. Si el fútbol tuviera el afán de ser justo no se jugaría con los pies, ni con un balón que a veces es librepensante, ni rodeado de accidentes como los árbitros, los topos o la suerte.

Croacia volvió a marcar cuando estaba más sometida. Modric centró al segundo palo y nuestra defensa se enredó con los falsos asesinos; Jevdaj cabeceó solo en el segundo palo y el país entero, el suyo, celebró la victoria.

Sin embargo, alguien disfruta allá arriba destrozando pronósticos, ya conocen el refrán: cada vez que hacemos planes se escuchan carcajadas en el cielo. Un penalti de Vrsaljko que no discutiremos nos devolvió la esperanza, todavía quedaba tiempo, aunque los relojes corren más rápido cuando los miras de frente. Acariciamos el gol cuando había que agarrarlo. Tuvimos varias ocasiones. Morata falló unas veces y luego no acertaron otros. Ellos, en cambio, no perdonaron tanto. Diría que no perdonaron nada. Lo debe dar la tierra. Nosotros sabemos vivir y ellos saben sobrevivir. Ojalá les podamos devolver el domingo el puñal que llevamos clavado en la espalda. Toquemos madera, pero sin soltar el hilo.

 

1 Comentario

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here