Hace unas semanas viajaba hasta la cabeza de Marco Asensio para tratar de entender qué se le pasaba por la mente para preferir el anonimato a la grandeza. Fui demasiado impaciente, porque hace unas horas, el bueno de Marco ha querido verbalizar todo eso que le atormenta a través de unas declaraciones que me han removido la conciencia y han hecho que se tambaleasen mis ilusiones sobre su prometedor futuro. «Yo no tengo que ser el que tiene que tirar del carro en el club. Hay otros jugadores que llevan más años, más experimentados, que tienen un status mayor al mío y son ellos los que tienen que tirar del carro». Cortita y al pie.

Me pasa mucho con Garbiñe Muguruza. Cuando una persona dotada de tantas capacidades se deja llevar por la indiferencia o se encarga de demostrar casi constantemente que su renuncia a la gloria es poco menos que voluntaria, entro en cólera. Me causa desasosiego ver cómo los elegidos se echan a un lado. Me enrabieta muchísimo la falta de ambición, más aún cuando se dan todas las condiciones para que, en este caso, Asensio encabece todo aquello que está por venir en el Real Madrid. Recuerdo que en el inicio formal de la campaña en 2013 en Argentina para las elecciones primarias de agosto, el kirchnerismo lanzó un slogan que me ha servido para explicar muchas cosas desde hace varios años y que voy a usar también en este caso: «En la vida hay que elegir». Pues bien, parece que Marco Asensio ya ha elegido el papel que desea desempeñar. Está en su derecho, por cierto, de adoptar el rol que crea oportuno, aunque me genere lástima a mí y a millones de madridistas.

No se le puede pedir liderazgo a alguien que quiere pasar desapercibido. No podemos exigirle compromiso vitalicio a un jugador que desea sentarse al final de la clase y rezar para que el profesor no le elija para salir al estrado y recitar la lección del día. Marco era el primero de la fila, pero quizá nos hemos equivocado en darle tantos galones atribuidos por derecho y no por trabajo.  Las declaraciones del jugador mallorquín bailan entre la vagancia y la soberbia. No se es soberbio solo cuando uno mira por encima del hombro al contrario, sino también cuando se deshace de las responsabilidades que se ha ganado a pulso o que le sentaban bien mientras las cosas iban por buen camino. No quiere ser un líder, pero sí es uno de los más listos de la clase.

La apatía de Marco es una consecuencia del clima que se ha respirado en el Madrid en las últimas semanas, pero cuidado, que esto tampoco puede servir de excusa para justificar unas palabras que han dolido en el alma y que se pronuncian con conocimiento de causa. Como en el amor, hemos pasado del «no puedo vivir sin ti» al «no te necesito». Al menos, lo que sí es Marco Asensio es consecuente. Sus declaraciones son terriblemente coherentes con su desempeño en el campo desde hace varios partidos. Sus pecados son otros y parece que, de momento, no pretende apostar por la redención.

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