Siendo compañeros en el Real Madrid, Ruud Van Nistelrooy le dijo a Higuaín, preocupado por su falta de efectividad de cara a puerta, que “los goles son como el kétchup. A veces no salen por mucho que lo intentes, y luego vienen todos de golpe”. Hubo un momento en la trayectoria de Paco Alcácer, dos temporadas en concreto, en el que le sucedió exactamente lo mismo que al Pipita. En 50 partidos con el Barça, el delantero valenciano marcó tan sólo 15 goles. Ahora, con la camiseta del Borussia Dortmund, el bote de kétchup ha reventado y el césped del Signal Iduna Park ha quedado empapado de tomate.

La carrera de Alcácer no ha sido un camino de rosas. El 13 de agosto de 2011, después de un partido de presentación entre el Valencia y la Roma, el padre del que por entonces era una de las perlas más relucientes de la cantera Che falleció de un ataque al corazón mientras abandonaba Mestalla junto a su esposa e hijo, que había marcado un gol y sido homenajeado en la previa del encuentro por su buena actuación con la Selección española en el Europeo sub-19. La ansiedad por la ausencia de goles es una nimiedad si se compara con el dolor de ver como tu padre fallece delante de tus propios ojos. En su brazo izquierdo, Alcácer luce un gigantesco tatuaje con la inscripción “Always in my mind. Papa”.

El delantero de Torrent mantiene una relación de amor-odio con el Valencia desde su controvertida marcha de la capital del Turia rumbo al Barça en 2016. Valenciano y valencianista de cuna, a los aficionados Ches les dolió especialmente la salida de un jugador al que consideraban como uno de los suyos. Tenía 23 años, era el capitán del primer equipo y se había convertido en el máximo goleador de España en la fase de clasificación a la Eurocopa de Francia. El ídolo de la afición se marchaba por la puerta de atrás, priorizando el banquillo del Camp Nou a la capitanía del club al que apoyaba desde niño. Cuando regresó a Mestalla, vestido de azulgrana, el público le recibió con cánticos de “Alcácer, canalla, fuera de Mestalla”, además de lanzándole bolsas de pipas.

En Can Barça, Alcácer pudo entrenar con los mejores jugadores del mundo, lo que le valió para mejorar su juego como el mismo ha reconocido, pero no tuvo suerte en lo que al final todos los delanteros desean: tener minutos y marcar goles. Las oportunidades, teniendo delante a Messi, Suárez y Neymar, eran muy escasas y, para colmo, cuando el valenciano dispuso de ellas, por decirlo de una forma popular, falló más que una escopeta de feria. Si su fichaje por el Barça se oficializó en el mes de agosto, su primer tanto como culé llegó a finales de diciembre, en un partido de Copa del Rey ante el Hércules. Después de dos años con más sombras que luces, Alcácer abandonó el Camp Nou para marcharse al Borussia Dortmund, que le transmitió la confianza que necesitaba para resurgir.

En Alemania, el español le ha demostrado al mundo que a un buen ariete eso de marcar goles no se le olvida de la noche a la mañana. Sus cifras goleadoras asustan: ocho tantos en siete encuentros entre Bundesliga y Champions con el combinado teutón, uno cada 18 minutos, y dos, uno por partido, en el último parón internacional con la Selección. Quien quiera hacerse una idea del momento de forma que atraviesa Alcácer, tan sólo tiene que ver la última media hora del choque que enfrentó a Dortmund y Augsburg hace dos semanas. El de Torrent era suplente y saltó al campo del Iduna Park en el minuto 59, con su equipo perdiendo por 0-1. 30 minutos después, el Borussia se llevó la victoria por 4-3, con un hat-trick del valenciano sobre la bocina gracias a un último tanto de falta directa instantes antes de que el árbitro pitará el final.

Seguro que el Cholo Simeone dormirá más tranquilo si, al final, se confirman las molestias que arrastra el internacional español en el muslo y, por recomendación médica, tiene que guardar reposo 24 horas más. Según el portal Transfermarkt, que mide el valor de mercado de los futbolistas, la cotización de Alcácer se ha doblado de los 15 a los 30 millones de euros. Hace un mes, que un equipo le pagara al Barça 25 millones de euros por uno de sus suplentes (el Borussia Dortmund ya ha comunicado que lo hará) se veía como un negocio redondo. Ahora, en las oficinas del Camp Nou, viendo el estado de forma de Luis Suárez o la lesión que tendrá a Leo Messi fuera de combate durante tres semanas, más de un dirigente culé se estará tirando de los pelos por haber regalado al delantero más en forma del fútbol europeo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here