El belga Remco Evenepoel lo ha vuelto a hacer. El niño prodigio del ciclismo mundial ha ganado el campeonato del mundo de fondo en carretera en categoría júnior, dos días después de proclamarse campeón mundial en contrarreloj. Si el martes se exhibió contra el crono, con una ventaja de 1:24 sobre el segundo clasificado, en esta ocasión escribió una hazaña diferente: una caída a falta de 50 kilómetros para la meta le hizo perder más de minuto y medio sobre el grupo de cabeza. No se inmutó. Después de cambiar rueda no sin ciertos problemas, y sin entrar en pánico, Evenepoel remontó en el puerto haciendo acopio de cadáveres. No le pidió a nadie un relevo y solo lo encontró en sus compañeros. Tiró y tiró hasta que llegó a la cabeza. Una vez allí, fue destrozando a sus rivales con una superioridad que jamás se ha visto en un ciclista tan joven.

Su última víctima fue el alemán Mayrhofer (plata, a 1:25), que quiso resistir a su rueda y reventó como todos los demás. Evenepoel completó en solitario los últimos 18 kilómetros, imponente en el pedaleo y sin abrir la boca, como si acabara de empezar la carrera (132 km). No le pesó ni la remontada ni el 13 de su dorsal. Semejante recital y semejante canibalismo, sólo admite un referente: Eddy Merckx, el mejor corredor de la historia.

Y es que ya son muchas las proezas. El pasado julio se proclamó campeón de Europa en ruta y en contrarreloj. Desde que dejó el fútbol (Anderlecht y PSV) para hacerse profesional, hace apenas catorce meses, Evenepoel ha ido acumulando victorias extraordinarias para un chico de 18 años. Su talento no ha pasado inadvertido para el Quick Step, que lo ha contratado para las dos próximas temporadas, con la intención de que debute en el World Tour en 2020. Se hará larga la espera. La emplearemos para tatuarnos su nombre en la memoria.

 

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