En el momento en que todo el mundo destaca lo que es Valverde, a mí me da por imaginar lo que pudo haber sido. Asumo que el planteamiento es pecaminoso. Desear más para quien lo tiene todo es un acto de soberbia que merecería ser castigado. Pero no me resisto. El palmarés de Valverde le conecta—por lo variado, por el volumen y por lo selecto— con los grandes ciclistas de la historia, no hay duda. Sin embargo, sigo creyendo que su única victoria en una carrera de tres semanas (la Vuelta 2009) no le hace justicia. Para quien fue tercero en la Vuelta de 2003, a los 23 años, y con victorias de etapa en la alta montaña (Evalira y La Pandera), cabía esperar un futuro más brillante en las grandes rondas.

No pongo pegas a su trayectoria profesional, sería imposible después dieciséis años de éxitos. Solo quiero rebatir un argumento que se ha instalado, quizá para defenderlo o para aliviar una pena secreta, y que sostiene que Valverde no es un corredor de tres semanas, nunca un ganador del Tour. Yo lo niego, aunque ya nunca podré demostrarlo. Quien ha ocupado seis veces el podio de la Vuelta tiene, a la fuerza, la resistencia de los ganadores. Nadie que se aflija ante el Tour lo termina tres veces entre los cinco primeros. Y ningún intruso sería capaz de acabar tercero en el primer y único Giro de su carrera.

Valverde debió ganar más Vueltas, pudo vencer en algún Giro y ha tenido talento suficiente para pelear por el Tour con rango de favorito. Si no lo ha hecho es por diferentes razones. Al ciclista más dotado naturalmente fue a quien más perjudicó la cultura del dopaje. Como se ha demostrado antes y después, Valverde sacaba poca ventaja del ciclismo de farmacia; eran los mediocres los que se igualaban con las estrellas. La Operación Puerto destrozó su imagen y le tuvo dos años parado (2010-11) en la edad de la madurez deportiva (30-31 años). Pocos salieron del proceso con el nivel anterior a la sanción y Valverde lo mejoró. Juraría que todavía se toma venganza de aquellos tiempos.

Si no voló más alto, a pesar de los problemas, es porque su entorno no le dio más cuerda. Desde dentro se insistió en que Valverde no era lo que algunos reclamábamos, sino otro tipo de corredor igual de importante, aunque nosotros no éramos capaces de apreciarlo, incultos adoradores del Tour de Francia.

El caso es que Valverde lo dio todo, pero no se le pidió más. Todavía acumula clásicas, victorias de etapa y protagonismo permanente en cada carrera. Siempre generoso en el esfuerzo y en la relación con sus compañeros. Trabajó para Freire en los campeonatos del mundo más veces de lo recomendable, porque su categoría ya era demasiado alta como para ejercer de lanzador. Y con el mismo entusiasmo ha trabajado para Nairo o Landa en lugar de defender su clasificación general. Valverde estaba llamado a ser un replicante de Hinault y alguien hubiera tenido que fijarle el objetivo.

Insisto: el suspiro es pecaminoso. Más aún, cuando todavía humea la última victoria de Valverde, esta vez contra el Mozart del ciclismo moderno, Peter Sagan. Si hay justicia en el cielo sobre dos ruedas, el próximo maillot arcoíris lo vestirá el murciano, como símbolo de que lo que es y, sobre todo, de lo que pudo ser.

5 Comentarios

  1. Ese es el problema del ciclismo en españa, que se calibra por las grandes vueltas y ultimamente un poco por el mundial. Valverde si no se hubiera dedicado a ser podio en las grandes vueltas tendría xxxx flechas valonas, 7-8 lieja bastogne lieja, alguna amstel gold race y demás. Empieza en febrero ganando y termina en noviembre ganando. Mierda para las grandes vueltas

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