Como no hubo cambios en los últimos puestos de clasificación general, hoy vamos a centrar nuestra atención en el último ciclista que cruzó la meta en Luintra. Semejante distinción correspondió esta vez al holandés Mike Teunissen (Sunweb), un corredor de 26 años con una historia digna de contarse. Su abuelo, también ciclista, fue una de las razones por las que Peter Winnen se hizo profesional. Y quien no conozca a Peter Winnen se ha perdido mucho, aunque tal vez lo compense con una juventud esplendorosa. Me explico. Winnen formó parte del paisaje del ciclismo de los 80, fácilmente reconocible por su cabellera pelirroja y por su cuerpo pequeño y compacto. Fue tercero en el Tour de 1983 y resultó una presencia constante en las montañas más ilustres, con dos victorias en el Alpe d’Huez.

Mike Teunissen.
Mike Teunissen.

Pues bien. El niño Peter era vecino de un peculiar individuo que sentía la misma pasión por las bicicletas que por las palomas, y que nadie piense mal, corredor y colombófilo. Era el abuelo de Mike Teunissen. Quién sabe si como consecuencia del contagio inevitable, aquel chico pelirrojo voló en bicicleta. Y probablemente por la misma razón, el nieto de aquel hombre peculiar se convirtió también en ciclista. La frase favorita del joven Mike (26) tampoco debe ser casualidad: “Encontraré un camino o construiré uno” (“Aut viam inveniam aut faciam”). La cita se atribuye a Aníbal, pero podría ser, igualmente, un lema de las palomas mensajeras.

Teunissen perdió 31:54 en la Ribeira Sacra, la primera de las durísimas etapas del norte. Nada relevante para un corredor que tiene como misión ayudar a Wilco Kelderman y que busca parcela en otras tierras. Mike terminó la pasada París-Roubaix el 11º y esa carrera es su objetivo vital desde que se impuso en la categoría Sub-23. Roubaix queda lejos de Ourense y septiembre lejos de abril.

Licenciado en Empresariales, Mike Teunissen ya tiene cara y padrino, Peter Winnen, un mito que hoy cumplió 61 años, el mismo día que otro pelirrojo, De Marchi, se impuso en Luintra. Demasiadas casualidades como para no mirar al cielo en busca del libro de instrucciones.

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