Tan importante es fijarse en la cosas positivas y ver el vaso medio lleno, como asumir con madurez cuando una hace el ridículo. De eso se trata el aprendizaje y la experiencia. Los que sufrimos el partido del Real Madrid lo hicimos, pero me queda una ligera duda con los jugadores que ayer fueron a Sevilla a disfrutar de las mieles del sur. Empieza a resultar muy sospechoso que los mismos soldados que en Europa se convierten en bestias infalibles, pasen a transformarse en cachorros inofensivos y vagos cuando se trata de estar a la altura en una competición que exige constancia como La Liga. Son culpables reincidentes, diría yo. Me pregunto si la lesión muscular de Marcelo se produjo por jugar al escondite inglés o por un francotirador en la cornisa de Nervión.

El Madrid no compareció ni en cuerpo ni en alma en Sevilla. La estrategia puede fallar, pero lo del espíritu es preocupante. Parece que me agarro al clavo de la actitud cuando no encuentro argumentos deportivos que expliquen la tragedia, pero la falta de hambre (imprescindible para jugarte los cuartos en el Pizjuán) fue abrumadora y así explico yo semejante desastre.

La desconexión mental que sufre el Madrid en el campeonato nacional es algo en lo que seguro que está trabajando Lopetegui, pero ayer el entrenador vasco fue absolutamente intrascendente, y así será complicado cambiar una tendencia tatuada a fuego en esta jauría que vive de sus gestas europeas. Y a mucha honra. Marcelo necesitaba una charla de hombre a hombre, Varane una infusión, Kroos un mapa, Asensio un objetivo y Sergio Ramos entender que, mientras quiera seguir siendo el protagonista en este duelo, el Madrid perderá una de sus mejores armas. 

El Madrid ha fallado contra el Athletic y contra el Sevilla, los dos rivales más difíciles que ha tenido hasta ahora, esa es la única realidad, esos son los hechos. En el horizonte asoma el Atlético de Madrid, es decir, malos tiempos para la depresión. El equipo blanco tiene varios déficits que solo pueden solventarse con voluntad dominadora. Podemos ir despidiéndonos de ganar los partidos por inercia o por ley, porque únicamente Bale tiene la capacidad de cambiar el cursos de las cosas en un abrir y cerrar de ojos. Para todo lo demás, habrá que remar, algo a lo que el Madrid no está muy acostumbrado. Ahora hay que querer y trabajar para lograrlo. Solo desearlo está sobrevalorado.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here