He visto casi tantos amaneceres como victorias de Serena Williams. Me he criado con su gigantesca presencia sobre la pista, he vivido su impunidad para ganarlo todo y me he negado a creer, que el ocaso de la mejor carrera deportiva femenina de la historia del deporte se acerca lentamente, como el invierno. Hace 365 días, tras el parto, sufría una embolia pulmonar que pudo haber acabado con su vida. Un año después, Serena Williams se deshacía de Sevastova (6-3, y 6-0, en 65 minutos) en su partido de semifinales del US Open 2018 como quien se quita una mota de polvo de la chaqueta.

Si vence en la final del sábado a la japonesa Naomi Osaka, Serena Williams igualará el récord de 24 Grand Slams de la australiana Margaret Court, una hazaña inimaginable cuando allá por 2002, yo me cargaba una raqueta al hombro para imitar sus golpes y ella empezaba a acumular su primeros grandes. El tiempo, a veces, deja de ser un ladrón para convertirse en una concatenación de oportunidades y Serena las ha aprovechado casi todas. «Además siento que todavía hay mucho crecimiento potencial en mi juego. Esa es realmente la parte más emocionante de todo este viaje. Al final del encuentro me emocioné un poco porque el año pasado estuve luchando, literalmente, por mi vida en el hospital. Creo que estaba a punto de que me operaran por cuarta vez. ¿Qué día es hoy? En efecto, ya me había operado por tercera vez. Me quedaba aún una más. Salir de todo eso, estar en la cama del hospital sin poder moverme, caminar y apenas hacer nada… sólo ha pasado un año y en realidad, estoy en finales de Grand Slam, en dos consecutivas», comentaba una Serena sonriente y reflexiva en rueda de prensa.

La de Michigan ya se prepara para su final No. 94, la 31º de Grand Slam y la 9º en Nueva York (1º desde 2014). También es la segunda del año, tras la de Wimbledon. Y eso, después de haber ganado el Open de Australia en 2017, cuando ya estaba embaraza de dos meses. Cabe recordar, por si a alguien todavía no le asombra el contexto, que permaneció 14 meses alejada de las pistas debido a su embarazo y que volvió hace apenas medio año a la máxima competición. Su número de finales de Grand Slams disputadas la dejan solo por detrás de su compatriota Chris Evert (34) y de Martina Navratilova (32); iguala a Steffi Graf y supera Roger Federer (30). «Honestamente, es un logro fantástico, no podía haberlo predicho en absoluto», declaraba la norteamericana ante los medios. Y ahora, si no se les ha cortado la respiración por las circunstancias, continuemos.

Más allá de sus dones, Serena también ha evolucionado a base de trabajo. Consciente de que su velocidad sobre la pista nunca volverá a ser la misma, la pequeña de las Williams ha solventado la disminución de movilidad en sus piernas con un aumento en la fuerza (que ya era descomunal) de sus golpes. Los partidos transcurren a su ritmo. Serena puede permitirse un respiro y después, volver y llevarse por delante lo que tenga enfrente como si fuese un vendaval. Imagínense la escena: pónganse delante de un tornado e intenten pararlo con las manos. Pocas herramientas encuentran sus rivales para plantar cara a una tormenta perfecta de golpes ganadores que ejemplifica una superioridad letal.

A las puertas de cumplir 37 años, la norteamericana jugará su novena final en la Arthur Ashe. Serena nunca se acaba y vuelve a recordarnos, que la edad es un número insignificante al lado de un estado de ánimo que lo puede todo. Su cuerpo se transforma, pero su esencia permanece intacta. Dijo Mark Twain, que las arrugas deberían indicar, simplemente, donde han estado las sonrisas. Y yo a Serena, si Osaka no lo evita, ya le cuento 24.

 

3 Comentarios

  1. […] Pero antes de que llegue la final masculina entre Djokovic y Del Potro, el US Open vivirá esta misma noche la búsqueda del reto supremo de Serena Williams: sumar su séptimo título en Nueva York para igualar los 24 títulos de Grand Slam de Margaret Court y situarse, junto a la australiana, como la tenista con más torneos grandes en su palmarés. Enfrente, la tenista estadounidense tendrá a una debutante en grandes finales, la veinteañera japonesa, de padre haitiano, Naomi Osaka, que se convirtió en la primera tenista de Japón en alcanzar una final de Grand Slam después de vencer con una insospechada madurez en semifinales a Madison Keys, la actual subcampeona del torneo. Más mérito si cabe tiene la presencia de Serena Williams, camino de los 37 años, en el partido por el título: hace un año, el 1 de septiembre de 2017, la tenista estadounidense sufrió una embolia pulmonar después de dar a luz a su hija Alexis. […]

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