Después de la victoria del Nápoles en el Grande Torino, a Carlo Ancelotti le preguntaron en rueda de prensa si, esta temporada también, su equipo iba a ser el anti Juve. El técnico italiano, con pasado en el banquillo bianconero, respondió que no le interesaba y que debían centrarse en hacer su propio camino. Lo que parece bastante claro es que, tras sólo cinco jornadas, el conjunto del sur de Italia volverá a ser la esperanza de todos esos tifosi cansados de la tiranía juventina, con siete Scudettos consecutivos.

Ancelotti aceptó la difícil papeleta de sustituir a Maurizio Sarri en el banquillo de San Paolo. No ganó ningún título, pero el actual entrenador del Chelsea dejó con la miel en los labios a una afición que, desde los tiempos de Maradona, sueña despierta con volver a ganar la Serie A. La exigencia para el ex del Real Madrid es máxima: ha de estar a la altura de su predecesor, o lo que es lo mismo, ha de luchar por romper la hegemonía impuesta por la Juventus, reforzada este curso con Cristiano Ronaldo.

El Nápoles estaba obligado a reinventarse y el nuevo cuerpo técnico no se ha quedado parado. A pesar de haber incorporado al exbético Fabián, que fue titular en Champions pero está contando muy poco, Ancelotti está intentando, con no demasiada suerte, que el experimentado Marek Hamsik ocupe el agujero que se ha originado en el centro del campo napolitano tras la marcha de Jorginho al Chelsea. Además, este comienzo de competición está dejando entrever algunas de las preferencias del técnico italiano: salir de inicio con un nueve de referencia como Milik en lugar de un perfil más moderno como Mertens, apostar por Insigne en posiciones interiores y no tanto de extremo o dar confianza a jugadores como Zielinski, Diawara, Rog o Verdi.

Este nuevo Nápoles ha comenzado la Serie A con unos resultados ilusionantes: cuatro victorias y una derrota. Después de dos remontadas consecutivas, con más corazón que fútbol, ante la Lazio, 1-2 en el Olímpico, y el Milán, 3-2 en San Paolo (dándole la vuelta a un 0-2 en contra), el cuadro napolitano perdió de forma catastrófica por 3-0 frente la Sampdoria. El Luigi Ferraris marcó un punto de inflexión para que los de Ancelotti cambiasen el chip y venciesen sus dos siguientes encuentros: 1-0 por la mínima ante la Fiorentina de locales y, más cómodamente, 1-3 contra el Torino de visitantes.

La Juventus está demostrando en este comienzo de Serie A que, por lo que a ellos respecta, pocas cosas van a cambiar en el Calcio. Los partidos de los vigentes campeones se cuentan de tres en tres puntos. Son victorias que no engañan a nadie, de color bianconero: poco estéticas, con sufrimiento pero, cuando el árbitro pita el final, victorias. En la última, ante el modesto Frosinone por 0 -2, Cristiano Ronaldo abrió la lata a falta de menos de diez minutos para que concluyese el encuentro. El crack portugués, al que ya le han dicho que en Italia es imposible marcar 50 goles, tardó en estrenarse, pero solo era cuestión de tiempo: en sus dos últimos partidos de Serie A ya ha anotado tres tantos.

También han comenzado como un tiro sus dos compañeros de ataque: Mario Mandzukic y Federico Bernardeschi. Allegri ha estado probando varias fórmulas y, al final, ha encontrado en el croata y el italiano la clave para potenciar las habilidades de Cristiano y hacer que se sienta cómodo en el campo. Además, la linea defensiva se ha reforzado con el regreso de Bonucci y el fichaje de Cancelo. La única nota negativa es el vacío que ha dejado en la portería juventina el mítico Gigi Buffon, ya que ni Sczcesny ni Perin, como es normal por otra parte, todavía tienen el poso del actual guardameta del PSG.

La Roma, semifinalista de la última Champions, está siendo una de las grandes decepciones de lo que llevamos de Serie A con una victoria, dos empates y dos derrotas. Este verano se han marchado los dos interiores titulares del curso pasado, Strootman y Nainggolan, y ninguno de los sustitutos que Monchi ha traído a la capital italiana parece haber dado con la tecla para que la sala de máquinas carbure. La pobre imagen que están dando los romanistas han convertido a Di Francesco en el blanco de todas las dianas. El capitán Daniele De Rossi, una voz más que autorizada dentro del vestuario, ha sido el último en pronunciarse: “Sin faltar el respeto a nadie, pero para ganar al Chievo y al Bologna no necesitamos a Guardiola en el banquillo. Por eso nosotros tenemos la responsabilidad. Nos juntaremos y veremos dónde nos hemos equivocado. No creo que haya que echarle la culpa al entrenador”.

El Inter de Milán, al comienzo de temporada el principal favorito de todas las quinielas para toserle a la Juve, tampoco ha arrancado nada bien la temporada a pesar de haberse reforzado a conciencia con nombres como De Vrij, Vrsaljko, Nainggolan, Politano, Lautaro o Keita Baldé. Los de Spalletti suman dos victorias, un empate y dos derrotas y parece que todavía no han encontrado el esquema ideal para afrontar los partidos. Sus vecinos del Milán tampoco están para echar cohetes, teniendo unos números idénticos a los de la Roma. El fichaje de Higuaín ha mejorado aún más la parcela ofensiva, la línea más potente del equipo rossonero, pero la plantilla de Gattuso sigue sufriendo problemas de base en la defensa y el centro del campo. Han comenzado mejor Fiorentina y Lazio pero, a la larga, salvo milagro a la italiana, son dos clubes a los que no se les espera en la lucha final por el título.

Todo hace indicar que el Nápoles, un año más, será el único equipo italiano que podrá colgarse la etiqueta de anti Juve. El resto, en tan solo cinco jornadas, están demostrando no estar a la altura del ritmo de puntuación ultra exigente que imponen los juventinos. El desafío es mayúsculo, casi imposible, pero si el Scudetto vuelve al Sur de Italia el mismo año de la llegada de Cristiano al Calcio, Ancelotti lograría algo todavía más difícil que ganarle un título de 38 partidos a la Juventus: mirar a los ojos de Maradona en una ciudad en la que el argentino es venerado como un Dios de carne y hueso.

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