Dos días después de que Keylor Navas fuera reconocido como mejor portero de la pasada Champions, Courtois estrenó titularidad en el Real Madrid. El detalle (contraste, incoherencia) no pasó inadvertido para nadie. Menos aún cuando Keylor dedicó su trofeo al Bernabéu con cara de pena profunda. Fue una situación extraña, la primera decisión de Lopetegui que cuesta explicar. Pudo dar entrada al belga en el primer partido de Liga y se le habría entendido mejor la intención. Pero sentar al portero titular después de dos partidos sin fallos relevantes, y un día después del cierre mercado, hace ver que los méritos no son lo único importante. El mensaje podría no resultar muy estimulante para los que esperan una oportunidad en el banquillo.

Cuando el balón comenzó a rodar, al Real Madrid se le despejó el horizonte. Los futbolistas saltaron al campo como si nunca hubieran jugado sobre hierba, con la misma felicidad. No es tan raro. Para ellos, septiembre es el mes de la vuelta al recreo. La novedad es que el ataque fue dinámico y explotó las conexiones entre líneas, movimientos esenciales para generar espacios. Modric, que volvió al once, tuvo una influencia decisiva en esa coreografía; no le faltaban razones para reclamar un aumento de sueldo.

Bale abrió el marcador con un gol con la derecha, y ya no habría que añadir nada más. Para un zurdo cualquier impacto de precisión con la diestra es digno de una mención honorífica, y no es por falta de talento, sino porque lo suelen tener concentrado en una sola extremidad.

 

Todo hacía pensar en un funeral express, pero el Leganés revivió gracias a un penalti de Casemiro a Eraso. En la mayor parte de las ocasiones, las faltas dentro del área no descubren a un homicida, sino a un jugador en baja forma, y este es el problema que arrastra el brasileño.

El empate aturdió al Madrid; no perdió el balón, pero se le extravió la imaginación. Ya lo hemos visto en noches recientes. Si la concentración decae, el equipo repite automatismos inofensivos.

De vuelta del descanso, Benzema marcó mientras forcejeaba con un defensa y el árbitro no lo vio claro. Así que pidió la ayuda del VAR. Mientras el vídeo desmenuzaba la acción, nos dio por pensar que ser árbitro ha dejado de ser una profesión de riesgo, cosa que agradecerán especialmente sus madres. Pasado un rato, el gol que se había celebrado antes se festejó también en diferido. En ese instante desapareció el Leganés, tan oculto como el monstruo de parecido nombre.

Los dos libertos por el traspaso de Cristiano habían marcado (Bale y Benzema) y uno de ellos repitió poco después. Benzema, al que Mourinho confundió con un gato, se está revelando como un felino de dientes afilados. Sólo necesitaba espacio, físico y mental. Su segundo gol no surgió por casualidad, sino que fue fruto de un plan en el que participaron Marcelo y Asensio. Dibujar goles es más difícil que empujarlos.

El cuarto lo marcó Sergio Ramos de penalti y se llevó una alegría formidable. Lo demás fue divertido para los de blanco e insoportable para los de negro. Tal vez sólo hubo una excepción entre los madridistas. Keylor se marchó del campo con un trofeo y con una certeza. O el cielo le ayuda, o la tierra se lo tragará.

 

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