La dualidad, la duplicidad, parece algo intrínseco y recurrente en Salamanca. Pocas ciudades tienen como ella dos catedrales —la Vieja y la Nueva— o, pese a rondar los 150.000 habitantes, dos universidades (la Pontificia y la USAL, muy en boga por cumplirse en 2018 el octavo centenario de su fundación). Esa doble realidad, la de la ciudad preparada tanto para atraer al turista como al universitario, también se dibuja en el fútbol. En una urbe en la que su equipo más importante no da patadas, y ni siquiera lo practican hombres, dos conjuntos pelean por coger el timón del deporte rey, ese que dejó huérfano la Unión Deportiva Salamanca. Unionistas y el Salamanca UDS (hasta hace unos días el Salmantino) viven desde hace cinco años su particular Guerra Fría de tradición, legado, símbolos, modelo de club y aficionados. Eso sí, lo hacen en su mejor momento: con ambos por primera vez en Segunda B, donde precisamente desapareció la Unión en 2013.

Si entramos por la ciudad, hemos de hacerlo por el Puente Romano. Subiremos hacia el casco histórico pasando por la plaza Anaya, la Rúa Mayor, la Casa de las Conchas y la plaza Mayor que rivaliza en belleza con la de Madrid. Cogeremos la calle Zamora, por ejemplo, hasta la puerta que lleva el nombre de la ciudad vecina, para enfilar hacia Van Dyck, donde haremos una parada para tomar pinchos. Zamora seguirá siendo nuestra guía, pero en este caso será la carretera, por la que continuaremos hasta llegar a la altura de Villares de la Reina. Allí encontraremos lo que veníamos a buscar: el viejo Helmántico, hogar actual del Salamanca UDS (Salmantino), y las Pistas, anexas al gran estadio, donde juega sus partidos como local el Unionistas.

Si el recorrido es histórico, éste ha de arrancar en 1923. En el café Novelty, el café Gijón de Salamanca en el que se sentaron con asiduidad Unamuno, Ortega y Gasset o Torrente Ballester (tanto que éste tiene una escultura dentro), se fundó, como también sucedería con RNE, la UD Salamanca. 90 años exactos vivió la dama castellana, que tuvo dos períodos a subrayar: finales de los setenta, su mejor época, y el final de siglo, como equipo ascensor pero especialista en ponerles las cosas complicadas a los grandes.

En esa primera etapa, con D’Alessandro a la cabeza, los charros estuvieron siete años consecutivos en Primera, cerca de jugar competición europea en algunos momentos y con unas semifinales de Copa en su haber durante la temporada 76-77. Lo de matagigantes se le puede preguntar a equipos como el FC Barcelona, a quien le endosó un 4-3 en el Helmántico y un 1-4 a domicilio para mantener la categoría en la campaña 97/98; al Atlético de Madrid, y más en concreto a Christian Vieri, que vio cómo sus cuatro goles eran inútiles frente al aluvión blanquinegro; o al Valencia, que recibió un set de los Stelea, Popescu, Giovanella, Silvani y compañía. La 98-99 sería la última temporada de los castellanoleoneses en Primera. De aquellos achaques serios, a los 75 años, nuestra dama ya no se recuperaría. La agonía final, con el club en Segunda B, duraría desde 2011 a 2013.

Un 18 de junio, después de acogerse la sociedad a un concurso de acreedores, se liquidaría. La UD Salamanca desaparecía y se abría un abismo. La ciudad, no obstante, necesitaba fútbol y se iniciaron pronto dos caminos, dos modelos, para coger este testigo. Uno era Unionistas; el otro, el Salmantino.


Dos formas de entender el futuro


Muy poco después de la extinción de la UD Salamanca, en concreto a finales de agosto de 2013, nació Unionistas, que tuvo como embrión originario la Plataforma de Amigos de la Unión, creada por aficionados de toda la vida cuando su club de toda la vida agonizaba. Sus objetivos, según los estatutos, son homenajear al extinto equipo, pero “no trata, ni jamás lo hará, de suplantar o hacerse pasar por él”.

Unionistas no se considera “representante, ni heredero de dicho club” y ya lanzaba un aviso a navegantes, posicionándose “radicalmente en contra, y condenando a cualquier otro club que hubiese intentado o intentase realizarlo”. La entidad está dentro del llamado “movimiento de fútbol popular” y se rige bajo la modalidad “un socio, un voto”, fomento de la participación de sus seguidores en la toma de las decisiones más importantes.

El lema que acompaña su escudo “Ad astra per aspera” (a las estrellas por el camino más difícil) es algo que se han tomado al pie de la letra: hibernando un año para fortalecerse, en la temporada 14-15 Unionistas se inscribió en la Provincial de Salamanca, última división de la región. En cuatro años han logrado tres ascensos, el último el pasado junio tras vencer en la eliminatoria definitiva al Socuéllamos. Su debut en Segunda B está teniendo un poco de todo: en los primeros cuatro partidos ha ganado uno, ha empatado otro y ha perdido dos.

De forma paralela en tiempo —verano de 2013—, surgió el CF Salmantino. Recogiendo lo poco que quedaba de la Unión Deportiva Salamanca (en su fundación la UDS le cedió los derechos competitivos, deportivos y federativos), el equipo cuyo nombre anteriormente usaba el filial comenzó su andadura en Tercera, donde éste se había quedado en el momento de la disolución. Dos temporadas más tarde, sin embargo, la Audiencia Provincial de Salamanca dictaminó que la cesión de los derechos no era válida, considerando al equipo “de nueva creación” y provocando que la RFEF lo descendiese a Provincial, categoría en la que sus vecinos habían estado el año anterior. Su resurgimiento ha sido desde entonces meteórico: a ascenso por año, con la culminación también este junio, solo un día más tarde que Unionistas, de su llegada a Segunda B. El inicio en la división también ha sido parecido: una victoria, una derrota y dos empates.

 

A la vez que crecían en el campo, en los despachos del CF Salmantino no ha dejado de haber movimiento. Y todos en una misma dirección: recuperar la Unión Deportiva Salamanca. “Ese es el llamamiento que hemos hecho a la afición” decía Carlos Martín, su presidente, en este reportaje que publicaba a finales de 2017 El Confidencial.

 

Varios pasos se han dado en ese sentido: el equipo juega de blanco y negro, como la Unión, usa su mismo himno, su estadio (El Helmántico) y, desde la pasada temporada, el viejo escudo de la casa, ese emblema circular con el toro (símbolo de la provincia) en el puente sobre el Tormes y las iniciales del club en forma de vítor, que evoca la tradición académica y universitaria de la ciudad.

Con respecto al nombre ya han ganado dos batallas: en el verano de 2017 el club acuñó las siglas UDS a su denominación y hace pocos días, en concreto el 13 de septiembre, la RFEF aceptó el cambio de “CF Salmantino UDS” por “Salamanca CF UDS”. Su director general, el ex jugador José María Movilla, selló el acuerdo con Luis Rubiales en medio de los dos partidos de debut de España en la Liga de Naciones.

El último giro tiene o tendrá que ver con el accionariado y la posible conversión en Sociedad Anónima Deportiva. El mecenas del Salmantino, ahora Salamanca UDS, se llama Manuel Lovato y él es el sucesor de Miguel Alejandro Miranda, dueño de la sociedad mexicana que adquirió El Helmántico y el paquete de símbolos de la UDS que, paso a paso, ha empezado a utilizar el conjunto charro. Cuando se produjo el último ascenso Lovato, según recogió La Gaceta de Salamanca, señaló que esperaba que hubiese “movimientos” en ese sentido. Si lograsen ascender a Segunda, ese cambio sería obligatorio en virtud de la Ley del Deporte.


¿Seguirán los caminos separados?


Sobre este entuerto, en esta sensación de culebrón, se mueve el fútbol en Salamanca. Aficiones rebotadas (sobre todo en redes sociales), reproches de unos a otros, prensa local/provincial más partidaria de unos que de otros, batallas en los juzgados (Unionistas tiene, por ejemplo, derechos registrados de la marca UDS) convergen en un enfrentamiento que verá pronto su primer derbi en categoría semiprofesional: será en la 14º jornada, durante el fin de semana del 24 y 25 de noviembre, y Unionistas pondrá el campo. Solo ha habido dos antecedentes, el año pasado en Tercera, con victorias en ambos casos para el Salmantino.

Lo que sí da la sensación es que esta coexistencia, sobre todo si se quiere fútbol de Primera en Salamanca, es momentánea. «Para todos los que hemos vivido una historia de 90 años sería importantísimo que estuvieran unidos y ojalá que lo estuvieran” comentó este verano la voz, seguramente, que más conviene escuchar para hablar de fútbol en la ciudad. La pronunció Vicente Del Bosque, quizá el lugareño más importante de su historia reciente.

De historia y de orígenes sabe mucho Salamanca. También sus equipos de fútbol, que reivindican el pasado cada uno a su manera. La veneración, recuperación o evolución en la que ambos convergen tiene algo en común: los dos, como la madre, llevan en su nombre la palabra “unión”. Solo el tiempo y las voluntades dirimirán si ese es un primer paso para escribir el futuro.

Mientras tanto, pocos sitios hay más mágicos en España para ver lo que sucede. Quedémonos por la ciudad paseando y de pinchos comprobando si uno de los orígenes etimológicos que se le atribuye (Helmantike, en griego, “Tierra de adivinación”) está en lo cierto. Si la duplicidad y la dualidad se convierten en unión y unidad.

4 Comentarios

  1. Lamento leer esto, porque parece que, quien escribe, no es de la ciudad. Si lo fuese, sabría que la unión de ambos clubes es imposible, precisamente por lo que lo estatutos dicen y el autor bien refleja.
    Al que por cierto, le diré, que Unionistas no lleva artículo delante.
    Saludos.

  2. A pesar de no ser salmantino, he tenido la fortuna de viajar allí con frecuencia durante los últimos tres años. Permítaseme sentirme un poquito charro 😉 Sí, yo también veo muy muy complicada la unión de los equipos, como he intentado expresar en el reportaje. Es casi más un deseo de ver a su fútbol lo más arriba posible y que al Helmántico vengan los mejores equipos de España. Pero la esperanza, como le pasa a Del Bosque, es lo último que se pierde…

    Gracias por el apunte del artículo: tiene toda la razón. Lo corregiremos enseguida.

    Muchas gracias por su comentario 😉

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