Cuando las medidas antropométricas estén dentro de los parámetros normales, cualquier persona podría jugar al fútbol. Esta afirmación es de Carmelo Bosco, uno de los mejores fisiólogos italianos allá por la década de los 90. Fue el precursor de plataformas muy sofisticadas para evaluar la fuerza explosiva de cualquier atleta, las cuales actualmente todavía se utilizan. Sin embargo, esa afirmación, aunque venga de un afamado científico, queda un poco fuera de lugar en los tiempos que corren. La Ciencia y la Tecnología han irrumpido en nuestra sociedad sin dejar títere con cabeza.

Y si no, cómo es posible que hace unos días el keniano Eliud Kipchoge, con una marca de 2 horas 1 minuto y 39 segundos, pulverizará el anterior récord del mundo de maratón en 1 minuto 18 segundos. Berlín fue el lugar elegido. Hablamos de 42 km 195 metros. Desde luego que se bajará de las 2 horas. Estoy seguro ¡¡Qué locura !!!

Pues bien, el fútbol, como fenómeno social, si quiere seguir siendo un referente para los millones de aficionados que fielmente llenan los estadios de todo el mundo, debe adaptarse rápidamente a los cambios que demanda la sociedad. Y esos cambios debe liderarlos el auténtico protagonista del juego: el jugador.  El perfil del jugador del siglo XXI deberá afrontar que cada vez competirá más y entrenará menos. Los calendarios no dan tregua, cada tres días se juega, los kilómetros recorridos en cada partido aumentarán paulatinamente, siendo ahora la media de 12 km ya hay controles que nos hablan de 14 km, que requerirán consumos de oxígeno por encima de 60/mililitros por kilogramo y peso.

La velocidad de desplazamiento ha pasado de 27/28 km/hora a 32/33 km/hora, lo que obligará a porcentajes de fibra blanca (contracción rápida) por encima del 70% y con capacidad en momentos puntuales de la temporada de soportar entrenamientos muy rigurosos y específicos de fuerza (el músculo es el órgano endocrino más importante de los últimos 20 años). Porcentajes del I.M.C (indice de masa corporal) por debajo del 8%. La bio-tipología (peso y talla) del jugador debe ser muy equilibrada para que su fuerza relativa (potencia por kilo de peso corporal) sea lo más alta posible.

Los grandes clubs del mundo deben afrontar con diligencia la búsqueda de estos «talentos fisicos¨ que garanticen el éxito en todas las competiciones.Habrá que echar mano de la «genética»… Ahora más que nunca: HAY QUE ELEGIR BIEN A LOS PADRES de los que serán grandes deportistas… Amén.

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