Se veía venir porque se le veía caer. El alemán Marcus Burghardt es el nuevo farolillo rojo de la Vuelta. El ciclista del Bora perdió 13:18 en la meta de Fermoselle y desbancó al francés Julien Duval (Ag2r), que cerraba la clasificación general desde la tercera etapa. El codiciado maillot A LA CONTRA cambia de manos. O de tronco, en el sentido anatómico del término.

Se hace evidente que las etapas de Burghardt finalizan antes de la última raya. Su misión es proteger a Peter Sagan y esa tarea es anterior al trabajo de los lanzadores. Si el resto del trayecto lo hace sin mayores preocupaciones no es por pereza, sino para ahorrar energías. Cualquiera que se haya adentrado en la treintena sabe de lo que hablo o está cerca de saberlo; Marcus ya ha cumplido los 35.

Cuando en 2007 ganó la Gante-Wevelgem algunos le etiquetaron como un futuro vencedor en Flandes. Los buenos augurios parecieron cumplirse cuando se impuso en una etapa del Tour 2008. El chico tenía 25 años recién cumplidos y se podía comer el mundo. Al poco descubrió que el mundo era más duro de lo que pensaba. En 2009 fue séptimo en el Tour de Flandes y advirtió que allí estaba su tope. Le falta talento, o fuerza, o mentalidad. Así que se reconvirtió en gregario, un término honorable en el ciclismo actual, pero deshonroso en los albores de la competición. La expresión se acuñó en 1911, cuando el francés Maurice Brocco, ya sin opciones, se ofreció a François Faber para trabajar para él. Henry Desgrange, organizador del Tour y director de L’Equipe, censuró su actitud en el periódico y le acusó de ser “un doméstico”, algo así como un sirviente.

Pero volvamos a Burghardt. En una entrevista reciente para Peloton Magazine, el alemán fue preguntado por su mejor momento sobre una bicicleta. No citó la etapa del Tour, ni su estreno como ganador en la Gante-Wevelgem. Mencionó el privilegio de disfrutar sobre una bicicleta de los mejores paisajes del mundo. Ahora díganme si los sabios son los primeros o los últimos. Los que miran al podio o los que observan los alrededores.

Burghardt se encuentra a 2h 07:39 del líder, Simon Yates. No es poca diferencia para ser la décima etapa, aunque el récord le queda muy lejos. La mayor diferencia entre un ganador de la Vuelta y un último clasificado se registró en 1948, cuando el barcelonés Ángel Alonso Martínez (1926-2011) terminó a 12h 49:38 del belga Edouard Van Dyck. Aquella edición finalizó en el estadio Metropolitano ante 50.000 espectadores y habría sido de justicia que Alonso Martínez hubiera recibido alguno de esos aplausos, a ser posible con un maillot distintivo tipo A LA CONTRA.

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