Primera jornada de Liga con VAR y se produjo el previsible caos. No falló a la cita el desconcierto sobre el campo por el nuevo videoarbitraje. Por delante vaya que no soy mucho de esta nueva tecnología por una simple razón: no es infalible. Si no lo es, entiendo que sólo servirá para apretar el nudo del enredo o para provocar las discusiones de siempre. En definitiva seguimos bajo la ley del criterio, el criterio de quien corresponda, de un ser humano que volverá a acertar o a equivocarse o a montar un show de varios minutos mientras se decide que convierta el fútbol en ‘otro deporte’. Primera jornada de Liga, digo, y no vi la misma aplicación del VAR en todos los campos, en todos los arbitrajes y en todas las jugadas discutibles. ¿En qué hemos ganado?

Preguntábamos el domingo en Estudio Estadio si ahora con el VAR el campeón de Liga será más justo. A mi querido Juan Carlos Rivero, impagable amigo y director del espacio, ya le comenté que los campeones de Liga han sido siempre justos, pues sólo la gana quien en una larga competición de todos contra todos es capaz de equilibrar aciertos, errores, penaltis, faltas, tarjetas, lesiones, goles… Restar méritos o dudar de cualquier club campeón está fuera de lugar.

Creer que el Getafe, el Rayo, el Girona o algún club modesto que juega la Liga para salvarse puede llegar a ganarla por el VAR es pueril. Pero también creer ‘tendenciosamente’ que entre Madrid, Barça, Atlético, Valencia o Sevilla se va a decidir el título por el VAR no sólo es absurdo de cabo a rabo, sino también tiene algo de desnaturalización del fútbol. Será campeón quien meta cerca de cien goles, quien sume casi cien puntos y quien juegue mejor al fútbol. No por colocar decenas de cámaras y repeticiones de jugadas desde varios ángulos va dejar de ganar la Liga quien la merezca sobre la hierba.

Y además me explico con ejemplos. Voy a la práctica. Como el VAR sigue siendo ‘interpretativo’ (NO hablo del indiscutible Ojo de Halcón) nada garantiza que el árbitro o mil árbitros que metas en una sala de VAR acierten de pleno. Digamos que a Asensio le hace penalti Bruno y que Estrada Fernández no lo considera así. Nadie del VAR le apunta que puede ser penalti y debería revisarlo. Es decir: jugada interpretativa, penalti sí o no, pero nadie toma la decisión de revisarla en el monitor, por lo tanto aquí paz y después gloria. Con el marcador 2-0 no pasó la situación a mayores.

Podría apuntarles varias jugadas similares, como una patada clarísima dentro del área con penalti a favor del Eibar que ni siquiera se revisó, o en el Betis-Levante, con un penalti de libro a favor de los verdiblancos que nadie quiso ver en el monitor del VAR. Jugadas interpretativas, no infalibles, siempre de criterio… Entonces o estamos para todas o no estamos para ninguna, diría yo.

Les hablo de cuestiones técnicas y me ahorro entrar en conceptos de dinámica estética de juego. Entiendo a Machín, entrenador del Sevilla, cuando tras el partido se preguntaba si esto del VAR iba a “cortar el rollo” siempre o lo mejorarían. Y le amparaba la razón, pues hay tantas órdenes cruzadas que se roza el esperpento. Aún veo a Mateu Lahoz disolviendo la barrera del Sevilla, justo cuando el delantero del Rayo iba a ejecutar la falta desde el borde del área, indicando que todo ese instante de mística futbolística no valía, pues desde la sala le decían que esa falta había sido penalti. Fútbol interruptus, caras de perplejidad y público sumido en emociones equívocas, esto fue el VAR en Vallecas y en muchos otros estadios.

Como tampoco se trata de demonizar la modernidad del ‘nuevo fútbol’, seamos positivos y esperemos acontecimientos. Voy a entender que esto del VAR irá mejorando y que cada vez entorpecerá menos la dinámica de los partidos, amén de que será aplicado con rigurosidad en todos y cada uno de los casos. Eso sí, nadie crea que con el VAR dejarán de ganar la Liga y la Champions los que siempre las ganan.

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