En vísperas del estreno oficial del Real Madrid se plantea el primer dilema: ¿quién será el portero titular? En principio, y según refrendo de no pocos madridistas —encuesta no científica—, todo indica que será Keylor Navas quien se ponga bajo palos (nótese la metáfora). Da la sensación de que otra posibilidad se nos hubiera anunciado en el Trofeo Bernabéu y Keylor, además, viene con la inercia de una pretemporada con titularidades y victorias ante Juventus, Roma y Milán. Al fin y al cabo, Courtois solo lleva cuatro días entrenándose con el equipo.

De confirmarse la participación de Keylor, la siguiente pregunta será cuándo llegará el turno del portero belga. Hay quien opina que Courtois se estrenará el domingo en Liga contra el Getafe (22:15), con lo que quedaría establecida una posible alternancia: Courtois para el campeonato nacional y Navas para otras competiciones entre las que podría estar la Champions… o no. Sospecho que no lo averiguaremos hasta el 18-19 de septiembre, cuando comience el torneo.

El razonamiento anterior tiene cierto sentido: si Courtois no debuta el domingo, será difícil encontrar una justificación para su titularidad en caso de que Keylor cumpla sus partidos con nota. Según mis madridistas de cabecera, “Lopetegui no podría correr ese riesgo” y en esa misma argumentación reside la negación de la sana competencia: que jueguen los que mejor están.

El caso no es nuevo, o no exactamente. En la temporada 13-14, el Real Madrid fichó del Sevilla a Diego López para competir contra un Casillas que había sido defenestrado por Mourinho. Con Ancelotti en el banquillo, el guardameta gallego fue titular en Liga e Iker jugó en la Champions y en la Copa del Rey, curiosamente los dos torneos que ganó el equipo. Cuesta decir si la rivalidad fue productiva, oportuna o inteligente.

En la campaña 14-15, Keylor Navas fue fichado como consecuencia de su gran trabajo en el Levante y su extraordinario rendimiento en el Mundial de Brasil. No obstante, no hubo alternancia y tuvo paciencia. Keylor fue el suplente de Casillas y solo disputó once partidos: seis de Liga, tres de Copa y dos de Champions en fase de grupos (Basilea y Ludogorets). El Madrid ganó la Supercopa europea, el Mundialito y encadenó una racha de 22 victorias seguidas (a dos del récord Guinness del Coritiba) antes de desplomarse en Mestalla el 4 de enero de 2015.

La convivencia de dos grandes porteros casi siempre resulta traumática. Claudio Bravo y Ter Stegen coincidieron en la plantilla del Barcelona entre 2014 y 2016, y no se repartieron precisamente flores. La situación tampoco es calcada a la del Real Madrid porque Ter Stegen llegó con 22 años y rango de aprendiz; Bravo tenía 31 años. Las dos primeras temporadas, el alemán jugó Champions y Copa, y no pareció conforme. En la tercera temporada, cuando Luis Enrique anunció que Ter Stegen sería titular en la Liga, Claudio Bravo fichó por el Manchester City.

Si Keylor asumiera un papel secundario, se comportaría como lo hizo Peter Cech cuando el Chelsea contrató, precisamente, a Courtois. El belga, de 22 años, se había destapado en el Atlético y fue titular en todas las competiciones. Cech (33) fichó por el Arsenal al terminar la temporada y queda por saber si se arrepintió de no haberse ido un año antes.

La opción de que Courtois sea titular en la Supercopa tampoco se puede descartar. Eso sí. Señalaría a Keylor un futuro poco soleado. Y tampoco es desdeñable, aunque altamente improbable, la tercera posibilidad: que tanto el belga como el costarricense convivan con la misma armonía que lo hicieron dos porteros históricos del Real Madrid: Miguel Ángel y García Remón. Durante quince años, entre las décadas de los 70 y los 80, se alternaron con el balance de siete ligas ganadas y cuatro Copas. Miguel Ángel se retiró con 246 partidos oficiales y García Remón, con 231.

El propio Miguel Ángel se lo resumió a nuestro compañero Alfredo Varona para Público: “Siempre intenté pensar que él tenía el mismo a derecho a jugar que yo”. Lo suyo, no obstante, no fue una rotación programada por el entrenador. “La seguridad no te la da jugar un día sí y otro no. De hecho, eso no era lo que pasaba conmigo y con García Remón; lo que realmente ocurría es que cuando uno se lesionaba entraba el otro y si lo hacía bien duraba 20, 30 o 40 partidos, los que fuesen. Y el que se quedaba en el banquillo lo tenía que aceptar”.

Eran otros tiempos y no parece que puedan volver (lástima), aunque desde las pasarelas internacionales se anuncia que los ochenta son tendencia. Veremos. 

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