Giovanni Nani Pinarello (1922-2014) se llevó en 1951 la última maglia nera de la historia. La organización del Giro entendió que el premio generaba una atracción morbosa y una competencia perversa y dejó de otorgarlo en aquella edición. La novedad es que el último ganador fue el único cuya fama trascendió al jersey negro.

Nani fue el octavo de doce hermanos y, como tantos muchachos de la época, dejó la escuela a los quince para trabajar de aprendiz en una fábrica, en este caso de bicicletas y ciclomotores. A los 25 años se hizo profesional con cierto éxito: ganó una etapa del Giro de los Dolomitas (1948), la Coppa Lepori y la Coppa Barbieri, ambas en 1951. Ese mismo año corrió el Giro y finalizó el último, lo que le autorizó a dar la vuelta de honor en el Velódromo de Milán junto Louison Bobet, rey de la montaña, y Fiorenzo Magni, primero en la general. Años después, Pinarello admitió que “ganar la maglia negra era casi como ser segundo. La publicidad era increíble”.

En 1952, cuando se disponía a correr de nuevo el Giro, su equipo, el Bottechia, lo sustituyó poco antes del inicio por Pasqualino Fornara, que había sido despedido del Bianchi de Coppi. Como compensación le dieron 100.000 liras (unos 50 euros de hoy) que Pinarello invirtió en su sueño: fabricar bicicletas.

En 1953 inauguró en Treviso Cicli Pinarello, un modesto productor de bicicletas artesanales. El crecimiento de la compañía fue paralelo a los éxitos de los ciclistas que usaban su marca. En 1961, Guido de Rosso ganó el Tour del Porvenir sobre una Pinarello. En 1975, Fausto Bertoglio conquistó el Giro (segundo fue Paco Galdos). Pinarello ganó su primera etapa en la Vuelta en 1981, gracias a la victoria de Álvaro Pino en Torrejón.

Y lo mejor estaba por llegar. José Miguel Echávarri contactó con Pinarello en los albores del Reynolds y la relación no pudo ser más fructífera. Perico ganó el Tour sobre una Pinarello roja e Indurain encadenó sus cinco triunfos seguidos sobre bicicletas del viejo Nani, incluida la Espada con la que batió el récord de la hora. Wiggins y Froome también se coronaron sobre sus cuadros vanguardistas.

Cumplidos los ochenta, Pinarello todavía acudía a su fábrica en bicicleta. En su despacho había una dedicatoria escrita por Gino Bartali: “Pinarello fue maglia negra del Giro, pero maillot rosa de la vida”. Es cierto que el ciclismo fue para él una fuente de felicidad, pero también un desgarro. Uno de sus dos hijos varones, Andrea, murió en 2011 de un ataque al corazón después de completar la primera etapa del Giro del Friuli. El otro dirige ahora el negocio. Su nombre es Fausto, para qué añadir más.

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