Oigo cantos de sirena que dicen que un tal Luka Modric puede abandonar el Real Madrid para irse al Inter. No tengo el placer de conocerle en persona, pero le debo un homenaje a un pequeñajo que me ha aportado tanta felicidad sin apenas levantar cinco palmos del suelo. Para los que no le conozcáis, Luka Modric es un superviviente. Antes de pasar por alto su propia tragedia, Luka Modric ya había nacido con un don. Sus primos recuerdan que era «rápido como una flecha», y el deporte que amó desde su nacimiento le permitió no tener ningún recuerdo de aquellos días negros donde vivía en medio de una guerra. Él mismo reconoce que no le queda ninguna huella de todo aquello, que no se enteró de nada. Benditos vacíos en nuestra memoria.

Del bueno de Luka, que tiene cara de no haber roto un plato en su vida, cuentan que «rompía más ventanas con el balón que las bombas serbias». Quién lo diría. Modric nació en Zadar el 9 de septiembre de 1985 y pasó sus primeros cinco años de vida en la aldea Modrići cerca de Obrovac. Quiero creer que de ahí le viene el trote, su desenvoltura en plena naturaleza. Su talento fue descubierto por Tomislav Bašić en la Academia de Zadar, un personaje al que quizá tengamos mucho que agradecerle.

Volviendo a la actualidad, creo que no habrá caso Modric. Igual que vi a Cristiano Ronaldo demasiado lejos del Madrid como para darse ambos una quinta oportunidad en una relación demasiado pasional y tormentosa, lo de Modric lo imagino más cercano a envejecer juntos y pasear por el parque cogidos de la mano. No tengo ninguna información que confirme mi teoría, pero parece que Florentino está empeñado en alargar la luna de miel: «La única posibilidad de que salga Modric es pagando 750 millones de euros». De momento, me conformo con una cifra que asusta, dibuja líneas rojas y zanja la conversación.

El Real Madrid no puede dejar escapar a su válvula de escape, a su pulmón, al culpable de todo lo bueno que construye. Su retiro espiritual llegará, pero mientras eso pasa, el club blanco debe dejarse la piel en conservar al croata entre sus filas. Todavía recuerdo el gol al Manchester United casi como un sueño erótico. Déjense envolver entre sus piernas. Cuidemos nuestro patrimonio, y dejemos que Luka Modric siga siendo la flor más bonita de nuestro jardín.

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