Lejos quedó la inocencia de Paire. Ante Wawrinka, Rafa tuvo que desprenderse de la lírica y ponerse el mono de trabajo. Stan tuvo que salvar cuatro pelotas de partido en su anterior partido y llegaba a la cita sin nada que perder, con las sensaciones positivas de estar apuntalando un buen regreso y la certeza de que podría ponérselo difícil a Nadal. En su vigésimo enfrentamiento (19-3 para Rafa), Wawrinka hincó la rodilla con un resultado final de 7-5 y 7-6(4), un marcador que refleja a la perfección el durísimo partido que le planteó el suizo al balear.

En proceso todavía de recuperación, Wawrinka saltaba a la pista con mucho optimismo y sin ningún tipo de complejo. No olvidemos que el suizo cuenta con tres Grand Slam en su palmarés, un hito que pocos consiguen a lo largo de su carrera. Stan golpeaba fortísimo la pelota, poco control, pero mucha agresividad. Rafa hizo valer su autoridad y con paciencia, trató de hacerse con el control al que su rival había renunciado. Nadal sudó de lo lindo, tuvo que salvar un 0-40 en contra con 4-4 en el marcador, pero pudo plantar cara a la intensidad de Wawrinka y llevarse el primer set por 7-5 al aprovechar la quinta pelota de break de las que dispuso.

 

 

El segundo set tampoco iba a ser un camino de rosas para Rafa. El español lograba una ventaja inicial de 2-0, pero su saque le jugó una mala pasada y Wawrinka llegó a contar con su servicio para forzar una tercera manga. Nadal tiró de raza y logró un break que le dio el oxígeno suficiente para volver a enchufarse y llevarse la muerte súbita (7-4) del segundo set. Como noticias, que Rafa ha elevado las revoluciones y va a más según van cayendo los juegos; y que el suizo puede decir alto y claro que ha regresado y que, si las lesiones se lo permiten, está dispuesto a volver a alcanzar un nivel prometedor. En cuartos de final, Nadal se enfrentará al croata Marin Cilic, que se impuso al «peque» Schwartzman por 6-3 y 6-2.

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