Se fue Cristiano y se ha quedado un equipo bonito. No digo que antes no lo fuera, solo que los adjetivos calificativos eran otros, exuberante, poderoso, en ocasiones arrogante. La personalidad de Cristiano era tan dominante que sus virtudes y defectos lo calaban todo. Ahora, sin embargo, predomina lo coral. Es verdad que Bale ha asumido el liderazgo, pero no en la misma medida que Ronaldo. La suya es una influencia menos invasiva. Él no exige que el mundo gire a su alrededor, ni se obsesiona con los goles, lo que proporciona más naturalidad al juego. Antes había un escorzo permanente en busca de Cristiano. Sin él, se ejercitan otros músculos y otras neuronas. Es como si cada jugador sintiera una mayor responsabilidad en la tarea común.

Es pronto para sacar conclusiones, sin duda. Llegarán tardes sin goles y suspiraremos por el que los metía casi siempre. Pero hay algo saludable en esta nueva vida y en esta nueva dieta. Es un placer asistir al crecimiento de futbolistas que precisan minutos y a la liberación de los que ya los tenían. Es un gusto que los goles se festejen sin sobreactuaciones narcisistas.

Antes de proseguir, diré que Lopetegui nos dio una pista con la alineación. El problema es saber qué significa y no descarto la ausencia total de significado. Keylor mantenía su puesto como titular y Modric el suyo como suplente. Algunos no esperábamos ninguna de las dos cosas. Imaginábamos que la titularidad de Courtois sentaría las bases de la alternancia en la portería y dábamos por hecho que Modric formaría parte del once inicial. Resulta extraño, aunque de diferente modo. En el caso de Keylor, hay que celebrar que el entrenador plantee una transición sosegada, el costarricense no merecía otra cosa. Pero si hablamos de Modric es inevitable sospechar que algo no funciona. Se anunció su continuidad para acabar con los cantos de sirena del Inter. Pero el futbolista no sonríe y, lo que es peor, no juega. Al menos, de titular. Contra el Getafe salió en el minuto 70 y la gente lo recibió con una ovación sincera, aunque diría que mosqueada.

Sin Modric, Ceballos fue el encargado de tomar los mandos, y no lo hizo nada mal. En ocasiones conduce el balón en exceso (primo hermano de Isco), pero cuando supera esa tentación se convierte en un futbolista mejor y más ordenado. Y los compañeros lo agradecen. Tampoco deberíamos pasar por alto la fisonomía de ese equipo que se eleva si la circulación es rápida: ni una sola cara nueva. Nunca hubiéramos supuesto que la primera temporada sin Cristiano se iniciaría sin novedades. Jamás habríamos imaginado tanta paciencia y contención.

Volvamos al partido. El rendimiento del Real Madrid fue más que notable, no tanto por lo que se observa, sino por lo que se intuye. La sensación es que el equipo irá a mejor y por el camino no aburrirá. Solo esa promesa puede alimentarnos hasta el otoño. Hay algo distinto en el ambiente y tal vez solo sea el buen ambiente.

Carvajal abrió el marcador con un cabezazo y pareció decirnos que este año habrá que ampliar los títulos de crédito. La jugada comenzó en Bale, como casi todo lo bueno; se nota mucho cuando una persona está feliz, camina silbando y sonríe a las farolas. Y el galés se ha quitado un peso de encima, tal vez dos. El resultado es que por primera vez está a la altura de las expectativas.

El propio Bale marcó el segundo gol con un zurdazo de los suyos, de los que hay que ver repetido para distinguir el balón. Asensio, que había robado la pelota, le buscó y le encontró. A continuación se abrazaron sin exagerar y sin mirar a las cámaras, como cómplices, no como socios de una multinacional.

Del Getafe hay poco señalar. Aunque hizo 27 faltas, no fue el erizo de la pasada temporada. No planteó demasiada oposición ni con el juego ni con el sistema. Se dejó hacer o, quizá, no regaló nada y fue el Real Madrid quien se lo llevó a su terreno, hay equipos que no te conquistan, sino que te convencen y no sé si son los que hacen historia, pero creo que son los te hacen feliz.

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